CHURRIANA ESTENTÓREA
Tuvo la extraña fortuna mi querida Churriana de toparse como primer concejal de la democracia, al que viste y escribe; barriada de Málaga, con más termino desde el monte hasta la playa y viceversa, que tiene por horizonte todas las ciudades a las que se llega desde la terminal Picasso.
Por esa coincidencia del destino del joven edil barbudo, se salvó de la merienda inmobiliaria la Casa en la que vivió Gerald Brenan; por la que según mi dilecto Carlos Pranger, ahijado de don Gerardo, en churrianés; tomaron sus calores, remojones y sopones, intelectuales y artistas foráneos. E.E. Cummings, Bertrand Russell, Orson Welles, Ernest Hemingway, Cyrill Connolly, Laurence Olivier, Ann Woodward, Vivien Leigh, David Niven, Edmund Willson, Anthony Powell, Richard Hughes…
Brenan y su esposa Gamel Woolsey, encontraron paz y tranquilidad entre sus muros para trabajar en su excepcional legado literario, cerca de ellos en la Finca del Carambuco, pasaban sus días, los Baroja; seguro estoy que todos pasaron tardes de asueto en la extraordinaria Finca de la Cónsula, la que hicimos escuela de hostelería; en ella tuve la primicia por la Hada Madrina, del Museo Picasso, la nuera del pintor Christine, de cumplir los deseos de su suegro, de tener un museo en su ciudad natal ¡Eureka! Vistas esas referencias, a nadie le extrañara el generoso concierto del guitarrista universal y malagueño Pepe Romero en sus jardines, para una audiencia tan selecta como los directores de todas las academias de español en el mundo; o para anunciar nuestra Feria agosteña, ante Paul Simon y Carrie Fisher.
Entre esos discretos esplendores, algunos compañeros de afiliación me pidieron en un día tormentoso la autonomía del pueblo por la vía del 151, así nos iba; al hacerme el longui, me llamaron el “Martín Villa” de la localidad. Hoy al sexto día, me sumo a la protesta de sus vecinos al Ayuntamiento de Málaga, por el ruido que les llega desde el autocine del Polígono del Guadalhorce, que los mantiene en vela y les rompe el son de los despegues y aterrizajes de su adosado aeropuerto batiendo records.
Recuerdo que en primero de concejal, gestioné la ampliación de colegio Manuel Fernández de la Noria, a 100 metros del aeródromo, los pequeños churrianeros al romperle los tímpanos el ruido de los aviones gritaban como locos, mientras sus profesores guardaban silencio, descansando sus gargantas de sus sonoras enseñanzas. Sorprendente.
Curro Flores
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