MADRID ME PASA
Galopaba en tortuga el
último de la Carrera Urbana por el asfalto de la calle Bravo Murillo sin
resuello, con todo el tráfico cortado para su hazaña, mientras clareaba el
averno. Todavía me sustraía el último golpe de timbal de Medea en el Teatro
Real, otra ilustre representación operística, en la que los valores
fundamentales de la música y el canto, quedaron sustraídos por la inanidad
aparatosa de la chatarrería, la luminotecnia y los humos escénicos. Me acordé
de la crítica que a los nuevos tiempos hizo severamente el maestro Ricardo
Muti, hastiado por tanta escenografía sin sentido. Tenía dos opciones, entre
tantas: esperar que la televisión de Ayuso, me retransmitiera el mitin de
Feijóo, como su desfile de la derrota,
ante los miles de llegados y allegados, democrático uso de los bienes
públicos a su servidumbre; o largarme a la cola gratis del Reina Sofía, más
concurrida que la de los bancos de alimentos. Al ver tanto gentío ante el Museo,
pregunté a un técnico que colocaba una estera de goma para una performance, con acento de los madriles,
me dijo: -Es que hoy la entrada va de valvulina, mañana con
cuentagotas viene la gente. Si de los oídos la noche anterior, me hicieron un
mal trato; salvo en varias ocasiones que pude enfrentarme a un hueco, donde
pude apreciar alguna obra de arte de mi complacencia; tanto público al tropel
me impedía el gozo de antaño en nuestro singular contenedor de arte; amén que
las nuevas doctrinas de educar al público, me sometía a una cantidad de cachivaches
explicativos, que para mi corto entender, detraían el valor de apreciar todo lo
que se debía exponer, más esquelas que paletas. De entrada me fijé en que los
probos funcionarios, miraban el reloj como de oficio; pero resulta que a las
dos vino su aspaviento y nos largaron a la calle, hora de cierre y mis ojos a
dos velas, sin poder llegar a la exposición temporal de Picasso, otro chasco.
La acera marcaba la retirada del desfile de Felipe II, grupos con banderas
nacionales buscando el AVE, mientras la estación desparramaba los hinchas
del Atlético y el Real Madrid, para
zamparse el derbi del ocaso. La señora en
cuestión que fijó mi atención, iba tan pancha con un sayo hasta los
pies mal coloro, entre jipi y carmelita; flameaban a sus hombros la
bandera del PP y la de España, un hallazgo singular entre
tantos de ropa de marca. Madrid me sobrepasa,
Curro Flores
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