BEATRIZ A PASO DE TRONO
Beatriz Vidal, María José, por parte de padre, volvió hasta sus fueros matutinos tras la Semana de blanqueo familiar, blanco y verde; sus emisiones de rabiosa actualidad frenan hasta nuestro taxista de cabecera; mi señoría, el menda, sin mi censura semanal, guardaba el trallazo de remendón dolido por su ausencia. El menú radiofónico daba para un postre de capirotes penitenciales, con la presencia de Gracia Aragón, presidenta de la Asociación de Mujer Cofrade; enfoscar la materia siendo de talante increíble y de credo incrédulo, porque soy demasiado fútil para las categorías de ateo o creyente, se me hacía demasiado discurso, para alguien de militancia antaña en los catones feministas. No obstante, primero por arte de Gracia, me convocó la curiosidad, supe de tres hermanas mayores de nuestras cofradías de Pasión, de que asumimos roles más abiertos a los signos de los tiempos que nuestros vecinos capillitas de Sevilla, debido a sus pioneras y el devenir de su Asociación; hasta su cartel será creación de una pintora, hecho singular que se presentará en la Iglesia municipal del Cristo de la Salud, sin patronazgo de las listas de espera. Pero como los de mucho pasado, nos volvemos harto pesados, tomé como la ocasión del perro que se vuelve a la farola para iluminar su cacundia a torpeza de facundia, y pregunté a un contertulio de la Sentencia, por la presencia de Jesús Gil en un desfile de sus titulares, partiendo la masa madre del debate inoportunamente. Beatrice, más amada que la dantesca; la Laura de Petrarca, la Helena de Troya o Dulcinea del Toboso. Beatriz, como la de Dante; ·”por su voz tierna, dulce y discreta, ángel de música propia”; oído mi entuerto, mándame al silencio de los molestos, por eso de perderme la inmejorable ocasión de callar una más de las inolvidables.
Curro Flores
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