EL BERNABÉU DE CLAUSURA
Hay un documental viejito sobre los estadios más suntuosos del planeta, una gozada de cemento, plástico y cristal sobre el cespecito; ahora que el Real Madrid ya no manda ni en los pitos, su Coliseo inmenso tiene chapa hasta en los cielos, para que los ecos de gol no se desparramen y la gota no apague el puro. Si dura a los eternos, los turistas tendrán que elegir entre el Prado o el Bernabéu, de imaginar los guiris mirando trofeos y sudores en vitrinas estampados de historia; desde Diestefano a Mbappe, pasando como en Roma por las persecuciones de los Cristiano y las carreras de los herederos de las tribus africanas, venidos a millonarios desde la Samba. Los pobres de tele, nos apostamos en el hogar del jubilado a consumir las hazañas; ayer que era un día de venganza arbitral, tras el silbato enemigo en Valencia, se jugaba contra el Leipzig el partido de regreso europeo; Bonifacio sacó la calculadora para decirnos lo que habían dejado en taquilla los 80.000 forofos aforados, más madera para los prolegómenos del café con magdalena; los alemanes no llevaban en la plantilla a su mayor nacido Johann Sebastian Bach, un componente de jóvenes aguerridos de acá y allá, hasta hacer peritas del Olmo, formaban los red-bulls, más terror de la isidrada que los miuras y más rápidos que los Formula I. Los malaguitas del Hogar, nos subíamos las toses, porque Brahim, de nuestro barrio, de selección mora o cristiana, figuraba alineado en el banquillo; encima el defraudador de Reggiolo, sacaba un equipo de guardaespaldas con un tironero Vinicius. La incertidumbre del marcador, los ataques a Lunin por tierra, mar y aire de la escuadra alemana, nos dejaron un mal sabor de dentadura postiza, aunque al final pasamos. La radio me enteró de la condena en juego del Angelito (lotti), con su abrigo azul de postín y marca en las agujas, masticando chicle, por residir en las antípodas; toda una explicación para emplear la tropa a su defensiva.
Curro Flores
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