A RAFAEL CENTENO EN JUBILADO
Por más que le eche chinos a la arena del reloj, sus cuentas van llenando mi desván de memorias. Ayer la Nube me dio el tropiezo con la foto del querido Rafael Centeno, despachando con Francisco de la Torre felizmente, solemnizando en el despacho principal de la Casona, el paso a la jubilación de uno de sus más excelentes servidores públicos. Yo tuve la suerte de recibir su llegada en la Delegación de Cultura, Educación y tantas cosas, allá en los 84 del pasado siglo; amén de afín ideológico, tuve la suerte de estrechar su amistad en miles de avatares, de los que fueron creando el orden del día de la Ciudad en democracia. Si me paro a contar puedo aburrirles, pero en su buen hacer y mi responsabilidad política, estuvieron primicias, aventuras pioneras, que hoy malagueños y avenidos, viven y disfrutan sin reparar en su concepción y puesta a punto histórica. Pertenecía a un grupo de seis maestros, que aterrizaron en Educación, cargados de esperanzas constitucionales, para mejorar nuestra Enseñanza, facilitar la creación de colegios e institutos, mostrar a nuestros niños la ciudad y sus instituciones, crear las escuelas de adultos (premiadas por la Unesco) en una Málaga con 37.000 analfabetos totales, fomentar el nacimiento de las AMPAS y todos los interminables etcéteras. Dirigió el Área de Cultura con esplendorosa brillantez, siempre para mí fue un alma de Quijote, pero con esa claridad hermosa de un escudero que sabía ponerle realidad y explicación de Perogruño a las legiones de eruditos que le rodeaban. España era la de -“¡Vuelva usted mañana!”, pero con funcionarios como Centeno no hay “revueltilla” que valga, porque siempre iba una legua por delante. Rafael ha sido amigo del “sí quiero”, pero su moral pública pasaba la prueba de no -casarse con nadie. Estoy convencido que ha dejado una escuela inolvidable y que si fuera apta la Federación de Municipios, le crearía la Cátedra del Maestro Municipal inolvidable.
Curro Flores
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