EL DATO DEL MAL RATO
Un entrañable amigo me manda unos datos de la población activa del paisanaje de Al-Ándalus, pasado el mal rato porque los 3.500.000 presumibles currantes, representan en la Euro menos que el Málaga CF, 18 puntos menos, un escaso 57.5%. Me puse a cavilar al modo de mi abuelo, “pensaor” en los pejuares ajados cordobeses del cortijo La Piedra de los Larios, nunca vistos por la fatiga y la despensa; mientras sus trabados se daban trechas esperando el arado de madrugá. Discurría Juan de Dios murmurando: –“he pensado y no dejo de pensar, que si los mulos no comen, ya no podrán trabajar”, buen dicho, porque la primera vez que lo solté en un mitin marbellí, la piripilandia gritaba a lo bestia, reconociéndose en los equinos, -“¡los mulos somos nosotros!”, cosillas de la Transición. Al observar los numeritos, en mi población pasiva campeonísima en ocio, sin paguilla de maleficios, le di volteretas a la cocola, porque ayer se atoraron los mercancías de personas que iban a las tempranas a sus labores malacitanas, con pasaportes más variopintos que un revuelo en las Américas y una asamblea de la OIT. Un ministro de ZP, don Celestino Corbacho, trásfuga a Ciudadanos, al ponerse el potaje de la Economía a la Lima de Brothers, y caerse el empleo en tantos miles; defendió su causa, con la peor de las excusas (verdad), que debiera salir de la boca de sus poderes políticos; se le ocurrió nombrar la anaconda, es decir, que había más de un 20% de trabajadores en la trastienda en negro. Es decir, la EPA (Encuesta de Población Activa) que editaba su Ministerio era un cuento, pongamos de Calleja, porque después del viaje de Pedro Sánchez a lo Marco Polo, los chinos llevan sus cuentas mejor que Fumachú. Yo no me tranquilizo, por la inexacta estadística oficial, porque me hieren los datos no oficiosos del Banco de Alimentos de la ciudad procesional del Paraíso.
Curro Flores
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