lunes, 28 de abril de 2025

A TUMBA ABIERTA

A TUMBA ABIERTA

Será porque la Copa era real y que esta temporada los millonarios del Real Madrid están para parihuelas; con mi estupidez alba me puse a despacharme el entierro de Francisco, por eso que desde que le conozco, aunque de Messi, se enfundaba de blanco en los aconteceres de divina humanidad. También me ayudó la cantinela de los locutores del santo protocolo de TVE, que al igual que trascendían de la alta geopolítica del Papa, bajaban a las lúgubres estancias de los 40 elegidos  del personal evangelio pobre berbogliano, para que le dieran el adiós definitivo en las escalinatas de la discretita Santa María la Mayor. La verdad es que mientras mostraban las cámaras a la afición y los inmensos palcos a la solana; los comentaristas, tal si fuera la finalísima en la Cartuja, nos masticaron historietas del vestuario, y todos los dimes y diretes de los dolientes de estados. Allí estaba el Rey tamaño NBA, para alargarle la mano a Trump, en el -daros fraternalmente la Paz, aunque bien debiera ser una del “Desafío en la Ciudad Muerta” por lo del fielato al Ibérico. Al ver tan soberano meneo, que superaba con muchísimas creces las palabras de Valle Inclán en Luces de Bohemia, con su –parece el entierro de un concejal; me estremecían mis animas; más que me había tomado como deber de atea descortesía, leer el documento de Francisco para bajarle los humos al Ocaso del Vaticano y reducir el boato con su Ordo Exequiarum Romani Pontificis, pero es difícil que el Santo Óbolo  pierda su vereda de majestuosidades. El arzobispo de Sevilla que se perdió dar sus bendiciones en el Madrid-Barça, ha encontrado a la baja una expresión discreta al acontecimiento Vaticano: “Más que enterrar a un jefe de Estado, hemos despedido a un pastor”, dejémoslo ahí; pero como ex concejal y ex aficionado a lo (otro), me sentaría muy mal que me aplaudieran en el arraste, para celebrar mi legado en el tajo.

Curro Flores

 

 

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