ÁNGELS BARCELÓ SE DESPIDE DE LA SER
Si mi madre estuviese todavía con los oídos puestos en la radio, de su pacá pallá del salón a la cocina con su radio de pilas, se hubiera llevado un buen disgusto, por la desaparición en sus madrugadas de su querida Angelita Barceló. La radio de tanta compaña, perdía la voz, que tejía sus argumentos en las noticias diarias. Para las almas solitarias y de la cuerda de las reflexiones de Ángels, el sopetón ha constituido un embarazoso suceso, para el crédito de mi emisora preferida.
Entre los libros de mis cabezazos, guardo uno de Iñaqui Gabilondo, que fue un regalo materno, porque ni era su habitual, después de los libros del colegio y un tomaco de diccionario, ampliar mi desbordada biblioteca no lo deseaba por el polvo, pero ya que su candidato a presidente preferido era el emérito locutor, quiso que su libro estuviera en mi mesilla de noche, como el ángel de la guarda.
Para el oyente y de mis ideas, desde que PRISA se hizo honores de ser la primera, portadora de unos mensajes sinceros y sometidos a la escueta razón de la deontología informativa, cada vez que se produce una distorsión como la ida de la simpar locutora, nos ponemos en un sobre aviso, por más que los dirigentes y propietarios del medio, quieran justificarnos el relevo, con verbos de mucha relevancia y poca chicha editorial.
El otro día, en el año del cincuentenario de El País, por acercarme a leer la revista onomástica me enteré y les leí, quién era su presidente y la consejera delegada, pude hurgar en sus historias que nos proveen los sabios archiveros de la Red; pero algo de resaca mes quedó de sus artículos, que califiqué de ortodoxa medida al Libro de Estilo del periódico. La dimisión de Ángels por todo lo que tiene de imprevista noticia para los clientes y devotos, no sé al lugar estratégico que corresponde buscando las más altas crecidas de audiencia del medio. A mi me ha escamado, espero que de aquí a lo que me queda, mi dial funcione en armonía, antes que el boca boca sea lo único que nos quede en el hogar del jubilado.
Curro Flores