UNA HORA DE MENOS
Dentro de una hora menos, sus nuevos afines suspiran para que el ejemplar de las traiciones, Toni Cantó, consiga el acta de diputado de la Asamblea de Madrid, excepcional fichaje; hace una hora de más que, el voxista Ortega Smith, se saltara todos los cierres perimetrales, para darse un garbeo con sus tropas malagueñas por el chiringuito mayor; ganamos una horilla para que el domingo de Ramos, sea el de sus penalties en Tiflis, frente a los paisanos de Stalin. Aunque del cambio de horario lo que más nos exaspera, es manipular la coronilla de los relojes, o coger la silla para auparnos y cambiar el reloj de los huevos duros en la cocina.
El Tribunal Constitucional alemán está, porque no recuperemos el tiempo perdido con la pandemia, pero le hemos ganado una hora a la llegada de los fondos que, se demorarán unos meses por su augusta sentencia; así podremos seguir discutiendo cuanto toca a cada autonomía, jugando al monopoly, y aumentando las colas de los bancos de alimentos, que caducan una hora después, gran ventaja.
Gastar la hora, hubiera sido un lujo, entre las páginas del Ser y el Tiempo de Heideger, pero siempre tenemos la excusa de que la humanidad desecho su tiempo al servicio de Hitler. Buscar el tiempo perdido, es una apuesta que no resolvió Proust, porque es más difícil encontrarlo que una aguja en el pajar revuelto de toda la vida.
Todavía no he cambiado las manecillas, pero la pantalla del ordenador y el móvil, ya dicen que estoy perdiendo bastante el tiempo y, es la hora de la cafetera. En su tiempo habría que acompañar a Pedro Aparicio, al tinglado de La Pollinica, para dar el riau-riau a la Semana Santa, todo pasa y lo que llega será el péplum de Moisés, con aquella escena memorable en la que divide las aguas del mar Rojo, un milagro como ese necesita el Canal de Suez para recuperar su tránsito.
Y da para bastante más perder el tiempo, con la tacita de café.
Curro Flores
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