LLUVIA DE HISOPO
Aunque en algunos sitios a las nubes se le ha derramado el acetre, la lluvia ha sido de hisopo, encima, con la maldición de poner píos-berrendos los paragüillas del baratillo del Li. Así que sudando en el erial de otoño, entré al súper ensopado. La cajera pasmaba a la clienta: -¿sabe usted en que cae el día de reyes?-; -hija, si estamos a 13 de octubre-.
Al volver, aparqué el carrito con mi escueta carguita. Ya, la caja estaba rodeada de uniformadas de tenderas con almanaque en discusión, se repartían las “vacas” de las fiestas navideñas. No sé si para la fecha San Antonio de Padua, habrá atendido a los devotos de Alhaurín el Chico, por sacarlos en andas, a mirar aviones repletos de turistas morosos. ¡Qué llueva!, ya me cargan los anuncios de los vendedores de placas solares, con lo del –sol es tuyo-.
Siempre a la vuelta, la edad delata, los wasaps entretenían el móvil, siempre atento zumbón. Entre tantos, mi querido Antonio Pedraza, presidente de la fundación Manuel Alcántara, tuvo el detalle de mandarme una foto de los pavos en la plaza de Félix Sáenz, en aquellas navidades, de nuestra infancia, sin hacerme la pascua con la añoranza.
Dio pie a los bites a dispararse, pronto le recordé el mercado de corderos en la Fuente de la Olla, hoy NH; y la llegada de la cabra equilibrista con la troupe de gitanos, de la corneta bollada y el tambor, a ritmo de Campanera, estoy seguro que la heredera de la gitana que andaba descalza sobre los cristalillos extendidos en su pañillo, hoy llevaría el tatoo de Olona.
Al amigo Pedraza, sabio analista económico, le dije, que la bajada de la cabra del monte al gentío de la Ciudad del Paraíso, al son de un disonante pasodoble, era el mayor síntoma de anuncio de la pobreza económica; y era más predictivo que el de las grandes instituciones predictoras de la miseria; incluso que mi amiga Consuelo vendiendo flores por los bares y restaurantes.
Como la vida es una tómbola, Antonio me ha llevado de la mano, a la vieja plaza de la Constitución, a recontar los juguetes en el techo en rifa, mientras con suerte aprendía la palabra opción, al abrir mi papeleta. Me extasiaba oyendo al locutor de la tómbola navideña, convocando a la suerte.
Curro Flores
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