VESTUARIO DE RICOS
El locutor deportivo estrella, especialista en rellenar espacios sonoros con perogrulladas, por lo que están mejor pagados que los que se dedican a darle tres vueltas al Parlamento o cantando bingo. Tiene entre su vulgar jerga explicativa, entre interjecciones, hablar de la gestión del vestuario por los entrenadores, como si de Cristóbal Balenciaga se tratara el oficio pelotero.
Los éxitos deportivos de Carlo Ancelotti, le otorgan estar en la sima de los técnicos de fútbol; pero en cuanto los comentaristas quieren destacar sus sapiencias, determinan que el 80 por ciento de su éxito se debe a su cultura del vestuario. La verdad que cuando vemos a don Carlo con su vestuario, terno gris, de funcionario en vísperas de jubilación, mascando chicle, con las inoportunas suelas blancas de sus zapatos, Petronio se revuelve a cabezazos.
Las suelas blancas de las sandalias, las puso en candelero en su pedida miss Kate Middleton; y desde entonces han hecho furor, el mal gusto va por modas. Ahora, ni el mejor ataviado, deja de calzar las suelas del yate en sequía. En los años aquellos, en la calle de Larios, lucía en la terraza de una cafetería la llamada “villa calcetines”, en la que los tratantes mostraban sus calcetas blancas de amarillento roce; de ahí me vendrá mí aversión a la blancura inoportuna.
De la cultura del vestuario, aprendí del inigualable Juanito, quién en una de nuestras charlas; ya de preparador, me dijo que lo que más difícil le resultaba, pues del balón andaba sobrado, -era saber de psicología para llevar el grupo-. Así que el mayor atributo de Ancelotti, según los charlistas, es manejar el fondo de armario.
Me imagino que de balonazos, estrategia y otros deberes de su oficio; visto como en la angustia triunfan los blancos, los periodistas viven de la sorpresa resultadista, sin zorra idea. En fin, nada más que le queda demostrar sus habilidades mentales, para sacarle fruto al pobre azaroso Hazard, el más caro y mejor pagado de la plantilla, quién no escapa de un tortugueo ocasional, entre promesas espabiladas.
Curro Flores
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