jueves, 25 de julio de 2024

EMPACHO DE PERDICES

EMPACHO DE PERDICES

A mi sabio preferido le preguntaron, si era feliz, y contestó que ni falta que le hacía; ser devoto de Albert Einstein nos da a los más pedestres, para un su foto con la lengua fuera colgada en la  pared, cantidad relativa de libros mal subrayados y una ignota capacidad para saber porque se le otorgó el premio nobel de Física. Españoles de toda laya y condición, hemos sido interrogado por el CIS, por si por las mosquitos éramos felices con la que está cayendo; la respuesta ha sorprendido a los más avezados augures;  más del 80 por ciento de los encuestados confiesa su felicidad vital y espiritual, quedando menos del 20 por ciento de avinagrados, sometidos por la política y las noticias. Entre los comensales de una comunión,  se producía unanimidad, en que para estar satisfecho eran necesarios salud, dinero y amor; pero por dar la nota dije que el humor era lo más imperioso. La verdad es que hay que tener buen humor, para ser feliz como una perdiz en un olivar encañonado por todos los frentes, con los surcos plagados de abonos venenosos y en disputa del picotacito con los córvidos. Pero, aunque las congeladas del Súper parezcan momificaciones de golondrinas, podemos acabar nuestro cuento infinito dichosos comiendo perdices. Por ventura he apagado la radio, la tele y el móvil, para solazarme en mi nuevo estadio de alegría colectiva y me he vestido para españolear, he agradecido a Tezanos que le lleve la contraria hasta a la cola del galeno. Me vi más ufano que la madre de Mbappe oyendo a su hijito en el Bernabéu, amasando el hato, mientras los forofos vivían ensoñaciones; o como la novillera Carla Otero, en rehabilitación de unas cornás para ir de pata coja, soñando un pronto paseíllo de  luces. ¡Ojalá!  Dios le reparta suerte, porque iluminación poca.

Curro Flores

 

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