VIVIENDAS DE CITAS
Ayer sin eurofútbol, temblando para que encuentre cocinero San Telmo, sería fatídico no poder cebar a Juanma; la redada era de persignarse, una bandita se dedicaba en pisos malagueños a explotar a 500 prostitutas, la mayoría colombiana; el relato era el típico, aplicable a los proxenetas y traficantes de nuestra internacional hospitalidad, amén de los especímenes del paisanaje, más les autónomes. Con el examen de conciencia, me vino el dolor de desfibrilador; ya que estaba todo dicho, el propósito de enmienda de nuestra sociedad lúbrica lo quiere llevar Ferraz; aunque los datos del desamparo de tantas mujeres no los da el INEM, a veces los de la porra de Marlasca. Subyugado por la tristeza, me vino el humor que, con la salud y la riqueza dan la vida. En aquellos divinos tiempos que echan de menos los de Abascal, en la España silente del boquita a boca, se oía un chascarrillo para poner en solfa al Régimen; se trataba de restar al censo de españoles todas las personas jubiladas, menores, funcionarios, trincones y los de sin oficio con beneficio; la resultante era según los números que ni tú eras el lila que trabajabas. Inmediatamente como los chistes cambian de mando, a los gobiernos socialistas le imputaron la misma gracieta. Digo el humor, sobre la malaleche que mantengo, esta detectable situación, unida al agravado problema de la vivienda, me ha convocado al pensamiento en el que abundo profesión, la despistemología, a la que muchos se aferran, sin conocer sus profundidades filosóficas. Conocidas y despistadas las viviendas turísticas, las sumamos a las de citas públicas y las privadas, las de veraneo, la segunda, las de oficina en casa y sigamos; para vivir quedan menos habitáculos que trabajadores en la ocurrencia del pasado. Poner pie en pared no es la solución, cuando lo que hay que darle es al palustre para levantarlas.
Curro Flores
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