LA PRUEBA DEL NUEVE
POLÍTICA
La tarea de los
ciudadanos va por sus ventajas, me imagino, incluso los que van a pérdidas.
Ahora, si estamos cuasi alikindoi del devenir político, sumémosle el judicial,
porque con ser asignaturas distantes en sus catecismos y oficiantes, tienen la
facultad de cruzarse potencia y raíces; para pasar del que me importa un bledo,
a fastidiarte el común de tu existencia como atentos ciudadanos. Era desde
sumar a todas las operaciones aritméticas, enseñarnos un truco matemático para
saber si no se nos ha ido la olla, la prueba del nueve. Esta mañana que venía
con el oleaje septembrino, un debate parlamentario, como el de los duelos con
forofos y plañideros; lo más serio que distingue en a de b, era saber si la
máquina horaria laboral, va a saltarse un respiro diario, cuando la x la
componen esos supuestos representantes, de los que se llamaron desertores del
arado, votantes de VOX en sus miserias. Las derechas fronterizas y tan
nacionalistas, ha mandado a paseo la jornada laboral, esas cosas vienen en los
libros de Historia, aunque el acuerdo sea con Puigdemont, cava y rioja para el
brindis y sus risitas cómplices. En eso del repartir sus dividendos, lo mismo
se baila un chotis que una sardana; la cosa se pone más peliagudas, si en el
juego del acierto, te someten a aclarar las verdades del barquero. Por ejemplo,
si el fiscal general del Estado es un hombre de ley; o que el juez Peinado por
eso de colarse en la Moncloa es capaz de merendarse todo el correo digital de
la esposa Begoña. Uno es de lo que es, desde que anda en política, pero a veces
me gustaría ser más incrédulo que con el Dogma del Misterio; o de tener una
prueba del nueve para saber arrimar el ascua a mi sardina con certeza, con más
criterio que desbrozar dimes y diretes de editores de la confusión, cargados de
fascículos para leguleyos de fortuna.
Curro Flores
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