PÓNGAME CEBADA CON LECHE,
POR FAVOR
En Málaga que tenemos a
gala pedir un cafelito, de mil formas diferentes, aunque con la actual
camaradería, de un elenco para clientes guiris, pedir una “nube” aunque estemos
de achicharre estival te pueden traer un paraguas, por orate. La cebada no
estaba en la pared del desaparecido café Central, como el cuadro de las
diferentes formas de tomarse un café a la malacitana. Pero en mi infancia de
veraneo pueblerino, la canción de “Moliendo café”, era para mi pasar la tarde
enjaretando la cebada hecha carbón, para darle al molinillo, con sus
permanentes atranques y desparrames por la flacucha y desvencijada cajita. Resulta
que está mañana de septiembre adormeciendo, me ha espabilado la noticia de la
subida anual del café, a más de un 15 por ciento, lo que me ha puesto de una mala
leche de aúpa, pensando en despedirme de las gloriosas levantadas con la tacita
del amargor de vicio. Como el cacao también me lo han puesto en cuarentena
económica, inmediatamente he pensado en la Nestlé de toda la vida, pero con
pereza por falta del chute mañanero, me han faltado deditos ágiles para buscar
si entre los grandes capitales propietarios de los millones de sacos traídos de
África y la América de abajo, estaba algún ricachón judío, por eso de plantarme
en huelga de cucharilla. Ahora que el aceite ha empezado a resbalarse marcha
atrás, después del subidón al nido de las olivas, -MANDA HUEVOS- como en el anuncio
esperpénticamente noble de la tele, que tengamos que servirnos del canto del
gallo, para poder entrar en acto de servicio, aunque sea de jubilado, el
problema es que las gallinas ponedoras también han puesto la docena por un pico
del 25 por ciento. El Ocaso está cerca, sus recibos al día, espero que
incinerar tenga menos costo por el cambio climático, aunque a las grandes
fortunas poseedoras no les afecta el tiempo porque tienen aires acondicionados
y estufas hasta en el cuarto de las ratas.
Curro Flores
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