LOS MUERTOS NO DISCUTEN
No sé si será de
hambruna, de un disparo o una bomba; lo cierto es que sea niño o mayor, no sé
si tendrán director palestino de fama universal, para evocar como el magistral
Spielberg, recordando a nuestras conciencias y las venideras, las imágenes de
cámara acción, de los inagotables miles de suspiros finales en Gaza. El muerto,
ni tan siquiera el avezado de lo inexplicable, nos podrá decir si ha sido
víctima de un genocidio, de una masacre a su pueblo, de un asesinato en masa, o
de una de las mayores bárbaras venganza que hemos conocido. Por eso, los
vivitos y coleando, con más carga sensibilidad y hasta los de la conciencia más
laxa, si a final de cada ráfaga de noticias esperpénticas, no tomamos acción,
por pequeña que sea para poner coto a la tragedia, y derivamos a añagazas
políticas de placebos neurolingüisticos, la bomba nos estallará en la mano,
porque el Campo de Agramante lo estamos ensangrentando de verborrea. Los
muertos no discuten, pero cabalgan con matices camino de las fosas. Ya sabemos
lo que piensa Trump para salvar a su amigo Netanyahu; como nos hemos tentado
las ropas en Europa, antes de responder a lo que se sabía; como muchos
españoles han tomado acción de revuelta en la Vuelta y como los reventadores violentos
que siempre andan al acecho, toman cartel frente a la inmensa mayoría de
personas honestas que se manifestaban solidariamente. La UCI, el COI,
Eurovisión y el patio de su casa, siempre han sido una trampa, porque sus
sólidas estructuras geopolíticas, están dopadas con el chute del Vellocino de
Oro. Me niego a discutir, porque perder tiempo por las caratulas de las miles
de listas de los asesinados, me llevaría a sentir la misma vileza de los que
dan las órdenes para matar.
Curro Flor
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