MI GRAN SÍNDROME DE
ESTOCOLMO
Le cundía la voz al
comensal avezado del PP, mi silencio ni le mellaba, porque tenía un auditorio inocente
o ávido para su machaque político; objeté con los dedos que me sujetaban el
tenedor, pero eso sirvió para un insólito desparrame de descortesía; después de
que en la esquina, uno le lanzara, -cuándo vais a echar a Pedro Sánchez-. Hace años
me hubiera tirado a degüello en la tertulia, pero ahora con una manita de
stends y su desfibrilador corriendo, tengo recomendado la sobriedad retórica y
el silenciador. Entre tantos oprobios al PSOE, saltó el que más me pudiera fastidiar,
porque aseveró que los militantes en aras al abrazo a las bases, nos tenía
secuestrado nuestro Secretario General. Tanto me caló que mientras remasticaba,
me miré mis ataduras y la cadena que me amarraba la bola PSOE bajo la mesa,
para ver si estaban sueltas, pero para mi tranquilidad estaban todo en su
sitio, y el amor a mi secuestrador estaba incólume, con mi gran síndrome de
Estocolmo más devoto que el cilicio de un opusdeísta. Cosas de mis
tranquilidades, el cuarenta cumpleaños del renacimiento de una de las
agrupaciones socialistas costasoleñas en las que participé con barba morena y
flequillo, me llevó a encontrarme a una pléyade de sus militantes de la época,
les había de los históricos, renovadores, de izquierda socialista, puros
guerristas y anarcos permanentes asambleístas; nos repartimos alegrías al
volver a encontrarnos tras mucha añada. Es curioso que, en el papel de sus unanimidades
de aquellos campeones de las disputas orgánicas, profesaban una fe en la labor
del gobierno socialista, encima hasta los felipistas y guerristas acerados de
antaño, echaban peste de las posturas de sus viejos líderes frente a Ferraz y
la Moncloa; como ya iba trabajado vi que la pandemia proveniente de Kristin
Enmart, primer afecto por el síndrome del secuestrado sueco había contaminado
hasta lo más variopinto de nuestra militancia. La resaca me alborotó con la
llamada de un amigo, que andaba a la guerra en sus negocios contra la política
laboral, migratoria y turística del PSOE, aunque sus establecimientos estuvieran
a reventar de clientes extranjeros, su plantilla fuera de emigrantes y los
precios hubieran redoblados a los del parón del COVID. Para final me auguró que
no nos iba a votar nadie, le dije que al menos dos, acordándome del viejo
chiste del seguidor sevillano de Curro Romero, que, tras una tremenda bronca,
gritó al de Camas, ¡el año que viene va a venir a verte tu madre…: …y yo!
Curro Flores
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