martes, 2 de septiembre de 2025

MI GRAN SÍDROME DE ESTOCOLMO

 

MI GRAN SÍNDROME DE ESTOCOLMO

Le cundía la voz al comensal avezado del PP, mi silencio ni le mellaba, porque tenía un auditorio inocente o ávido para su machaque político; objeté con los dedos que me sujetaban el tenedor, pero eso sirvió para un insólito desparrame de descortesía; después de que en la esquina, uno le lanzara, -cuándo vais a echar a Pedro Sánchez-. Hace años me hubiera tirado a degüello en la tertulia, pero ahora con una manita de stends y su desfibrilador corriendo, tengo recomendado la sobriedad retórica y el silenciador. Entre tantos oprobios al PSOE, saltó el que más me pudiera fastidiar, porque aseveró que los militantes en aras al abrazo a las bases, nos tenía secuestrado nuestro Secretario General. Tanto me caló que mientras remasticaba, me miré mis ataduras y la cadena que me amarraba la bola PSOE bajo la mesa, para ver si estaban sueltas, pero para mi tranquilidad estaban todo en su sitio, y el amor a mi secuestrador estaba incólume, con mi gran síndrome de Estocolmo más devoto que el cilicio de un opusdeísta. Cosas de mis tranquilidades, el cuarenta cumpleaños del renacimiento de una de las agrupaciones socialistas costasoleñas en las que participé con barba morena y flequillo, me llevó a encontrarme a una pléyade de sus militantes de la época, les había de los históricos, renovadores, de izquierda socialista, puros guerristas y anarcos permanentes asambleístas; nos repartimos alegrías al volver a encontrarnos tras mucha añada. Es curioso que, en el papel de sus unanimidades de aquellos campeones de las disputas orgánicas, profesaban una fe en la labor del gobierno socialista, encima hasta los felipistas y guerristas acerados de antaño, echaban peste de las posturas de sus viejos líderes frente a Ferraz y la Moncloa; como ya iba trabajado vi que la pandemia proveniente de Kristin Enmart, primer afecto por el síndrome del secuestrado sueco había contaminado hasta lo más variopinto de nuestra militancia. La resaca me alborotó con la llamada de un amigo, que andaba a la guerra en sus negocios contra la política laboral, migratoria y turística del PSOE, aunque sus establecimientos estuvieran a reventar de clientes extranjeros, su plantilla fuera de emigrantes y los precios hubieran redoblados a los del parón del COVID. Para final me auguró que no nos iba a votar nadie, le dije que al menos dos, acordándome del viejo chiste del seguidor sevillano de Curro Romero, que, tras una tremenda bronca, gritó al de Camas, ¡el año que viene va a venir a verte tu madre…: …y yo!

Curro Flores

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