CUMPLEAÑOS INNEGABLE
Ayer por la mañana mi querido y venerado Octavio Calleya nos invitó a celebrar el 35 Cumpleaños de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Málaga, en la intimidad de una cena, para brindar con Tuicä por la Orquesta y por los avatares de su creación; en la que sería primer director titular y yo actuaba de edil pastor del mejor rebaño artístico creado en la Ciudad del Paraíso. A alguien se le pasó lo innegable, para darle recuerdo y atril al Maestro en el Concierto de cumpleaños, oficiado en el Cervantes, cosas del alzheimer funcionarial.
Departimos para la ocasión con arroz tres delicias, entre sorbitos del aguardiente mágico rumano; guardamos nuestra buena nostalgia para los músicos que nos abandonaron definitivamente, en fin, como el tiempo vuela en borrasca, no nos sirvieron el rollito primavera, pero si se degustó la sopa agripicante que daba calor a las historias, prohibiéndose el cerdo agridulce para no elevar la indigestión de los omisos. Se habló de música y canto, se endulzó con bombones fresquitos, pero dejamos las velas para las bodas de plata, por eso de que la esperanza es insistencia.
Como la edad nos ha dado tanto, nos prometimos a ir mañana a otro cumpleaños, invitados por nuestro amigo el académico y excepcional cineasta, Carlos Taillefer. El Festival de Cine ha organizado un pase de los 20 cumpleaños del Camino de los Ingleses en el Albeniz, nunca mejor; esa película tiene la vitola local de ser dirigida por Antonio Banderas; producida por Taillefer, con guión de Antonio Soler, basado en su celebrada novela.
Como en la Orquesta, también en el Teatro Municipal Miguel de Cervantes, estuve en su bautizo; pero en el estreno tenía los nervios de volver al teatro, dónde tanto resuello me dejé, tras larga ausencia. Tampoco era el cine, aunque de gala, mi deseo para su escenario cuando me afané en su compra. Pero coincidí con los asistentes en la aclamación final por la obra bien hecha.
Quiero volver a ver, como los amantes del lugar y vecinos de Churriana, La Plaza de la Higuereta en pantalla gigante, si está entre las tomas el quiosco del Lele, dónde los labradores se tomaban su carajillo de madrugada, para enjaretarse hacia el carril de Hutchinson, a cortar las cañas de azúcar, antes de que las cañas se volvieran alas de los aviones estruendosos de todo el orbe.
No me gustará oír en la pantalla al concejal corrupto, porque fui el que pisara la tenencia de alcaldía como primer edil de la democracia delegado por Pedro Aparicio: al que me tocó lidiar con algunos desmanes urbanísticos con los que convivían los parroquianos, y que puso en marcha la primera Junta de Distrito de Andalucía, por la que los vecinos y sus asociaciones participaron en la vida municipal directamente. Va de fácil poner desenfocada la política.
Así que espero con ilusión la película y el debate, aunque cerraré los ojos cuando se sobrepase la bovina en la mesa de operaciones.
Curro Flores
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