sábado, 16 de abril de 2022

EL BOMBERO O EL HIMNO

 

EL BOMBERO O EL HIMNO

Mi querido Bonifacio estaba más que escamado con las fotos de la Semana Santa que cundían por la red, reclamaba permeabilidad, como ya era Domingo de Resurrección, traté de amainar sus protestas, antes que nos ahorcaran el seis dobles.

Le conté que en mis años jóvenes de edil, tuve la sacrosanta osadía de organizar muchos eventos que entrañaban riesgos para el público: Los primeros pregones de la Feria de Málaga, desde el balcón de la Casona del Parque, con ciudadanos por doquier, rodeados por dos vistas de fuegos artificiales, lanzadas desde la Plaza de la Marina y el General Torrijos, con mucha suerte, porque el menda como ordenador del disparo, si hubiera habido accidentes, me correspondía a la trena; las Serenatas de la Luna Joven, con artistas celebrados que llenaban la Plaza de Toros  hasta la bola; aquellas cabalgatas de reyes con montados elefantes entre carrozas y miles de niños; los conciertos en el Real con miles de asistentes, y hasta llenar el Centro de la Ciudad del Paraíso con el cuadragésimo de la caballería andaluza sin que cupiera un alma en calle Larios.

A la vuelta de los años, me tocó en suerte, dirigir la primera edición de Málaga en Flamenco, que entre la magnitud de eventos, gozaba de mayor interés el concierto de Paco de Lucía en la Malagueta. Sorpresivamente, fui avisado de los impedimentos que nos ponían los servicios municipales para poder celebrar la actuación, no porque fueran de camadas divergentes. Al final me encontré con un viejo conocido, técnico de bomberos, encargado de velar por la seguridad del acto. Reglamento en mano, nos hizo abrir dos nuevas puertas en la barrera para evacuación del respetable, y nos redujo el aforo a 4.000 localidades, a mí, que había metido 14.000 con Juan Luis Guerra; así que a tragar, mi gozo en un pozo, para mis deseos de hacer caja con la estrella de la guitarra flamenca. El bombero dicta, papeles en mano.

También les entretuve la partida con un viejo suceso de la Semana Santa: Pedro Aparicio, junto al presidente de las Cofradías, Jesús Saborido, estaban en la tribuna presidiendo el Paso de una procesión, debido a una melé desagradable que se había producido en la Plaza Mitjana y aledaños, paró el trascurrir de nazarenos; Jesús avispado ante las alarmas, pidió al Alcalde poder emplear la Banda Municipal, que venía interpretando la Marcha Fúnebre de Chopin. El jefe cofrade se dirigió al director, se adelantaron los músicos hacia la Plaza del Carbón, tocaron el Himno Nacional, miel sobre hojuelas, se paró la sonora algarada, y cada pajarraco a su olivo.

Ahorcado el seis doble, después de los desabridos comentarios de Boni, nos reímos, preguntándonos si el bombero o el Himno, estaban presentes en el nuevo itinerario.

Curro Flores

 

 

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