viernes, 22 de abril de 2022

LAS RATEZAS

LAS RATEZAS

Hace tiempo escribía sobre mi slalom entre ratas en el Paseo de los Curas, en el Parque de Málaga;  me hacía eco también, de la aparición de muchos roedores en los parquecitos infantiles de las barriadas más populares y populosas, denunciado clamorosamente por los vecinos.

Hace poco leía que las temidas roedoras, merodeaban en los solares abandonados junto al Registro de la Propiedad, posiblemente querían inmatricular sus peculiares propiedades.

Mientras se descargaba el atrezo, tras la esplendorosa Sala María Cristina de Unicaja, pude apreciar  unos hermosos ejemplares, seis hermosos seis, como rezan en los carteles taurinos de concurso de ganaderías. Estaban pastando toda la suciedad acumulada en ese rincón revés del solar del Paraíso.

Hoy leo, como primicia, los esfuerzos en la desratización, que hace el Ayuntamiento; tarea que me ocupó coordinar, en mis primeros años de edil, a la par que me instruía el veterinario jefe sobre la operación exterminio, del exceso poblacional sobrante de las cañerías, que afloraban a las calles para darse una vueltecita por los cubos de basura.

Las grandes ciudades, tienen muchísimas dificultades, para eliminar estas incubadoras de plagas, pero no se puede cejar en el empeño. Los gatos que abundan en el Gran Bazar de Estambul, descubrieron los comerciantes que eran unos cobardicas, incapaces de enfrentarse a ellas por miedo a los mordiscos, así que los tejones llevan la cacería en éste referente turístico internacional. Pero ver las ciudades llenas de tejones, no sé que es peor. Aunque es más espantoso lo que utilizan en los arrozales asiáticos los campesinos, para que no le devoren los cultivos, las cobras venenosas.

Criado en los percheles, dónde el material de derribo, era un chollo para las inauguraciones Juanma Moreno, disfrutábamos de chiquillos hasta de carreras de ratas a escobazos: había un remedio infalible a la par que endiabladamente divertido, rellenar un tomate podrido, con los viejos mistos de cachondeo, de una eficacia de spot publicitario. Los bichos morían saltando, pero no había esquina que no oliera a rata muerta.

Siento escribir de tan escrupulosa cuestión, pero es que a mi vecina de antaño le saltó una fiera a la cabeza desde el tejado, y no pudimos reprimir las risotadas durante un tiempo, alguna gracia había que sacarle al espanto.

Curro Flores

 

 

 

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