LA CALLE ES NUESTRA
“La calle es mía”, es una frase que se le atribuye a Fraga, fundador del actual PP, siendo ministro de Gobernación con Carlos Arias en 1976, sea o no sea cierta su autoría, la frasecita era digna de su impronta. Así que el sambenito hasta el olvido.
Llevado más por el chinchán de la polémica del nuevo recorrido oficial de la Semana Santa, a vuela pluma, me puse al lado de mis viejas veredas en el itinerario de toda la vida, nuestra antaña costumbre, de ver el Paso al salir al paso de una callejuela.
Las redes sociales transmiten fotos que indignan, con cortes de pasos impropios de una sociedad democrática con sus ciudadanos en plenitud de derechos. Algunas, parecen ser, de situaciones ya corregidas del primer año de asiento del nuevo itinerario, y que abusivamente se usan por motivos ignotos, para reavivar la polémica surgida.
He leído con interés, como Pablo Atencia, presidente de la Agrupación de Cofradías, así como, los hermanos mayores de algunas cofradías, salían en defensa del nuevo recorrido oficial, señalando sus ventajas, hasta para los que callejean para ver las procesiones, y el espíritu de consenso que se logró entre los representantes de los cofrades. También su buena aptitud para cambiar lo que fuera necesario.
Las sillas de Semana Santa con sus instalaciones, algunas sometidas a desaprobación, por imposibilitar la visión en sitios habituales como la Alameda, son 24.000, vengo a creer, la cuarta parte de los cotizantes a las hermandades de Semana Santa, sus afiliados. Podemos suponer que las nuevas incomodidades, le afectan a más de la mitad de ellos.
Evidentemente, le asiste la razón a las cofradías, de que han tratado de hacer lo mejor, ante la obsolescencia del anterior recorrido. Pero siendo capital su opinión, se me hace que alguien tiene que velar por que la “calle es nuestra”.
En el primer Ayuntamiento democrático, tuve las obligaciones de llevar el nuevo campo de la participación ciudadana, con todo lo que me empeñé en aprender y poner en funcionamiento, no encuentro colectivo representativo, capaz de identificar a la otra parte, medio millón de ciudadanos, que pudieran poner sus peros en el debate surgido.
Es decir, le toca hablar al que toca todas las campanas de la salida de los tronos, es decir al Alcalde. Su recogido silencio en la controversia es llamativo, la calle se la hemos delegado como suya sus representados, y no veo otro actor que, pueda dirimir y corregir, entre los éxitos y desaciertos que afecten a toda la comunidad malagueña en este sagrado entuerto.
Curro Flores
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