LIBROS DE CARROCERÍAS
Los minúsculos de España, arrolladora inmensidad, somos incapaces de entender las nobles acciones de los tocados por la grandeza de España; así que al generoso noble, Luis Medina, lo tratamos como un caco comisionista de tres al cuarto, de esos muchos que pululan en el despiece de la piel de toro.
Las hienas de documentales, pretendidamente documentadas, están que devoran a don Luis y su escudero (ahora llamado asociado), Albertito Luceño. El trato que reciben, es de malandrines para arriba, por los incapaces de entender su generosidad. En lo peor de la pandemia, cuando los minúsculos aplaudíamos desde los balcones, incapaces de contener la hemorragia vírica. Los caballeros de carrocerías, agudizan su ingenio para socorrer a los españoles, movilizan sus contactos en tierras lejanas, para obtener las deseadas mascarillas, los tests y los guantes de látex, ofreciendo a los servicios funerarios del Ayuntamiento de Madrid, los de gestión rápida para la ocasión, su preciado botín.
Evidentemente, don Luis no podía entretener al Alcalde, como por cuna era obvia su deferencia; utilizó el móvil de su primo más allegado para llegar a la funeraria del oso y el madroño, y no caer en la desidia del vuelva usted mañana. Jose Luis Martínez Almeida, estaba ocupado en soltar zarpazos a los rojos de la Moncloa, capitaneados por el siniestro e incapaz Sánchez; y para un noble que se precie eso era un gran servicio patrio.
El insignificante óbolo recibido, era muy exiguo para su altísima largura, es más, al descubrirse que los guantes eran un churrete, inmediatamente devolvió la pasta, para no quedar como un vulgar ladrón de guante de látex azul, en todo caso de guante blanco, pero mejor que los vulgares de la minucia catalana del tres por ciento.
La pasta la han distraído en comprar coches de alta gama, un velerito de andar por olitas y la han depositado parte en bancos de Flandes. Ya está bien de Rocinante y el rucio de Sancho Panza, ahora son caballeros de carrocería, y necesitan tener los garajes repletos y raudos para perseguir rogelios; el yatecito para chapuzones, es previsión, ante las pérdidas de rebalajes de arena fina por el cambio climático; después de los chivatazos de los bancos hispanos, incapaces de entender como nos crece la cuenta, poner los dineros a buen recaudo.
Mi articulista de cabezazos, cercana al cuché, ha querido estigmatizar a don Luis, separándolo de los otros de alta alcurnia que, ennoblecen sus vidas desde sus profesiones, administran su patrimonio heredados con muchas dificultades, exponiendo sus palacios y casonas a bodorrios, sembrando olivillos para recibir subvenciones europeas en sus inabarcables fanegas, ahora reproductivas.
En fin, estamos de linchamiento, por la envidia nacional a la injusta rama de extraños nobles privilegios del pasado, engolfados por Medina y asociado en el presente.
Curro Flores
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