martes, 9 de agosto de 2022

A PACO BÓVEDA GUERRERO

A PACO BOVEDA GUERRERO

La Parca ha aparcado en nuestra Costa, como turista indeseable, espero que ya haya tomado camino hacia su Inframundo y, mis líneas no sean más evocadoras de recuerdos de seres queridos que se ha llevado con su guadaña.

Francisco Bóveda Guerrero, compañero socialista, exedil del Ayuntamiento de Málaga, pese a su enfermedad, era el presidente de la Agrupación Socialista de su pueblo Torremolinos, como ejemplo señero y tenaz de su renovada historia, falleció hace dos días.

Le conocí, reconstituyendo el PSOE de Torremolinos en la tienda de los Escalonas, era un joven entusiasta, de los pocos, de aquella reunión de viejas glorias sufridoras del franquismo. Pocos saben que en una de nuestras primeras asambleas clandestinas en el Hotel Tarik, propiedad de Carlos Zayas, exparlamentario socialista por Zaragoza y, para las páginas rosas esposo de Massiel; aprobamos por aclamación la propuesta de los bienvenidos torremolinenses, de reclamar la autonomía municipal de la barriada malagueña de Torremolinos, ahí estaba nuestro Bóveda, el más Guerrero como adalid. Al poco, muchos de ellos nos mostraron su contrariedad, porque a la plataforma independentista se había sumado un consejero local del Movimiento, Pedro Fernández Montes, representante de todo lo que los demócratas luchábamos por abolir.

Amén  de muchísimas reuniones partidarias, coincidimos los dos en el Consistorio malagueño, en el equipo de Pedro Aparicio, pronto, por su buen hacer de concejal, le nombró primer teniente de alcalde, edecán de nuestro día a día. A sus esfuerzos y seriedad gestora, hay que sumarle su extrema simpatía, capaz de provocar la hilaridad del grupo en los momentos más agobiantes.

Para mi contrariedad, el más unionista del territorio de nuestra ciudad, Paco, siempre tenía la tarabita de Torremolinos pueblo, junto a su inseparable Miguel Escalona, primer alcalde de la localidad. Pocos saben de su tesón y muchas incomprensiones.

Yo que he conocido excelentes artistas, incluso me permitieron verles ensayar; por eso, me puedo permitir la licencia de personificar en Paco Bóveda y sus improvisadas acciones que, de haber cambiado sus aficiones por las de artista comediante, hoy se le echaría de menos en los territorios de la crítica y hasta en el cuché como una estrella.

La última vez que estuvimos juntos me dio una magnífica lección de tolerancia y alteridad; entre las muchas cosas de las que hablamos, hizo un elogio de la capacidad y acción del que fuera tantos años alcalde de Torremolinos, Fernández Montes. Eso lo dice todo de mi inolvidable Paco.

Curro Flores

 

 

 

 

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