sábado, 6 de agosto de 2022

AL HERMANO MÁXIMO

 

AL HERMANO MÁXIMO

El 5 de Agosto fallecía en Benalmádena,  el Hermano Máximo. El atento y cariñoso compañero de los Maristas de Málaga, Juan Luis Villalobos, nos daba la triste noticia, a la par que una foto de hace un mes, en la que Máximo Gutiérrez Nogal, en silla de ruedas, a sus 85 años, era visitado por mis queridos excompañeros Juan Luis, Chumi Pérez Lanzac y Leandro Martínez Carrasco.

La Clase de elemental estaba en un aledaño frente al imponente Colegio, en orden subimos  y,  frente a cincuenta niños con los brazos cruzados, estaba un joven delgado con sotana, peinado su cabello negro con unos arados surcos regados con gomina, colgaba su crucifijo, y mantenía su chasca en el cíngulo como el más rápido de los vaqueros.

Después de ensuciar la caligrafía inglesa con la plumilla Corona, mojando en el  peligroso tintero; el, la, lo y sus plurales; más detalles geográficos de la Ibérica; volví a casa para contar a mi madre la buena nueva de mi mañana colegial. Atónita quedó de mi contestación: -“Mamá, en ese colegio los profesores están peleados”. Va la explicación, venía del Colegio público del Llano, mientras que los niños a gritos nos descalabrábamos en las clases, en horario escolar, los profesores en el pasillo fumaban y charlaban de Kubalas y Diestéfanos.

El Hermano Máximo nos enseñó a dividir y la prueba  del nueve, en el mes de Mayo con flores a María a la Capilla cada día, me hizo tan devoto de sus lecciones que,  gracias a mi madre recibí en el Teatro Cervantes el diploma de Asistencia y Puntualidad. Hice alguna fechoría, por lo que recibí mi primer castigo escolar, copiar diez veces los artículos indeterminados, tan determinado quedé por el sofoco que aquella tarde me subió la calentura.

Florecen a mi escasa memoria calva, tantos entrañables momentos de mis años con flequillo, que no pararía, como mi otra importante retentiva no escalar, la lista de precios del Súper.

La última vez que me encontré con el Hermano Máximo, fue en el Palco  de un partido del Mundial de Baloncesto en el Pabellón de Ciudad Jardín, nos reconocimos y abrazamos al instante; él estaba junto al gerente del acontecimiento, el inolvidable Alfonso Queipo de Llano; Manolo Jato, el excepcional entrenador de baloncesto, que tantas veces me mandó a “mamar resina”, por mis improvisadas y alocadas jugadas; más nuestro ídolo del patio del Cole, el “gran encestador”, el internacional, Fernando Corrales.

Con fervor de incrédulo por quién tanto me cultivó, mis emocionadas añoranzas le sirvan también en su bien ganada Gloria, porque de la Obra Maristas el fue un determinante sostén para nuestras vidas.

Curro Flores

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario