jueves, 6 de junio de 2024

CON EL CULO AL AIRE

 

CON EL CULO AL AIRE

Un informe gordote de 400 lechugas ha publicado el BOE, emitido por Costas alertando que irremisiblemente el Mediterráneo  se va a zampar las playas de Guadalmar y la desembocadura del río Vélez para el 2070, amén de casas, villorrios y algún besugo impertinente que quieren tener el privilegio de por vida de mojarse sus pinreles en el rebalaje; poquito a poco y cuando se pone bravío a maremoto limpio, el mar saca sus escrituras de gran –aguateniente- al modesto cauce del río acequiado. La humanidad beneficiada, autoridades y, tantos etcéteras a lo largo de tantos años quedarán tan desnudos como los naturistas de las playas del Arraijanal y Almayate. Hace muchos años celebré el hallazgo de la insigne arqueóloga doña María Eugenia Aubet, del yacimiento de la Ciudad Fenicia del Cerro de Villar, lindando Guadalmar con la desembocadura del Guadalhorce; como concejal de Churriana ya tuve materia para represumir de historia, además debió de ser una isla primigenia que después dio lugar a una marisma ganadera de lecheros santanderinos y hasta se tuvo hierro de reses bravas. Aquellos aledaños añejos los cultivó el turismo a ladrillazo limpio y, hasta le pusieron Parador con 18 hoyos; para buscarle rival a la cerveza Victoria, nos llegaron los titos de la Preysler de Filipinas con la San Miguel debajo del brazo, y como la vida sigue igual vieron suelo para plantar chalets con zoológico de todas las especies de mosquitos. Un buen grupo de autonomistas de la barriada pretendieron un futuro puerto, frente a su aeropuerto, cosa que entusiasmó a alguna insistente inversora sin resultado. La memoria infantil me trajo los calcetines y sandalias mojados correteando en los charcos marismeños, por mis excursiones vaqueras a Los Prados y los alrededores del Campamento Benítez, todo perdido por los lápices urbanísticos, para que de aquí a medio siglo el Plan General y las obras las dirija el capitán Nemo.

Curro Flores

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