AL FICUS ARRASADO
Amontonado en la calle, protegido por la escueta cinta del plastiquito bicolor de un delito, yacen los restos de un ficus que dio su larga historia de sombras veraniegas junto con su hermana la higuera, en la terraza de un bloque de vecinos y los ajenos, de la nueva hornada de la pingüe moda de los pisos turísticos. Ahora son aparatosos leños de una desforestación costosa, con sus restos de savia y hojas de verdor charol, en la calle Mercedes de Torremolinos esperando ser remolcados a los fogones. No sé si llama la atención a otras culturas de extrañas procedencias, pero el montón de la tala, se ha convertido en sujeto de la parada de peregrinos extranjeros con sus móviles en ristre, fotografiando con estupor el verdicidio, incluso algunos se atreven a hacerse sus selfies de mal recuerdo. La comunidad sensible del más allá de nuestras fronteras le importa el daño a árboles y plantas, pero lo nuestro más semana santero es sentir dolor por el que le es menester misericordia, aunque nos importe un bledo que los parta un rayo como a un sicomoro. Para ver qué autoridad había permitido la devastación, tuve la oportunidad de leer el dictamen municipal de los servicios del Ayuntamiento de Torremolinos que la soportaban; ciudad que está empeñada en que nuestros viandantes se curen los bronquios bajando los agentes contaminantes de sus vehículos; teniendo también plazas simpáticas sembradas de enormes ficus que lucen en sus bancadas y alcorques. Viendo estos ficus e higueras, con sus raíces amoldadas a la superficie de sus contenedores, sin dejarlas al vicio de crecer a su natural albedrío para el destrozo de solerías; hay que preguntarse ante el particular verdicidio, que para la literatura justificante al deseo de administradores del edificio, los expertos municipales descubrieron la necesidad de mojarse con las raíces de los dos árboles tan singulares, viendo su capacidad destructiva y vengativa almacenada en más de cuarenta años de soportar los envites de la naturaleza creciendo. De golpe había que protegerse de sus raíces invasivas a cañerías sin planos, de inclinaciones ventosas contra las paredes, incluso de las emisiones de sus nidos en alta fidelidad. No sé si hoy se llevarán los troncazos del mal ejemplo, pero se debe saber que tienen grabado con tristeza un TE QUIERO ecológico.
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Curro Flores
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