EPITAFIOS CON HIPOTECA
Mi mendruga estaba en ponerle nombre a la yegüita que pactaba flamenca en la era del tiro al plato, enfurruñando los hocicos al resoplar los plomos y los platos destrozados para saborear unas briznas de hierba seca; salvo la Siete Leguas que montaba Pancho Villa, pocas féminas han adquirido nombradía de historia o ficción, en eso también cabalgamos machista. Así que como Toy bautizó a su jaca de juguete Tiro al Blanco, la que campaba en las instalaciones del Tiro de Pichón de Jarapalo, sería mi heroína Bala de Plata y a relinchar. Las prisas de la época que vivimos, me alertan sabios de la tribu, perderá la lectura de los grandes tochos; así que desde El Ulises de Joyce, también la Odisea; Don Quijote, Los Episodios Nacionales y ni te digo subir La Montaña Mágica, caerán en el olvido, más pendiente de la cita del médico o del vencimiento de la mensualidad de la hipoteca. Extremadamente curioso que el ritmo del rap, tan veloz en palabrería (insulsa) se hay impuesto a la sinfonía, la obra maestra literaria, todas sucumbidas a la velocidad de un twitter. En nuestros bancos de espera, se realza el tópico por los arquetipos, para dejarnos bizcos el ensimismamiento a los móviles; nadie nos atiende pero todo mundo entiende el desavío. En mis alrededores provincianos del Sur de Europa, malagueños y turistas tienen están en una cola sanitaria de 139.000 enfermos; el Juez Decano tiene un “atascaera” de 72.000 asuntos pendientes de poner en la balanza ciega; el desfile por las de protección oficial es causa inútil, pero pagar el pisito de tu vida requiere empeñarte en una hipoteca de casi cincuenta años. Todo a pedir de boca, menos que te arreglen los piños, siguen en el mercado libre que te repongan la mordida. Así que si no te evaporas, antes del juicio finalista, en tu epitafio rezará, nombre, RIP, pendiente de operación y vista judicial, murió dejando siete anualidades de su hipoteca.
Curro Flores
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