martes, 1 de marzo de 2022

DESDE AYUSO AL PSICÓLOGO

DESDE AYUSO AL PSICÓLOGO

La edad de marchitarse, es buen tiempo para desaprender injustamente gran  parte de todos los saberes que han madurado en tu interior. Los que tienen su mascota de carne y hueso, siempre entendí que, amén de ternura y tareíta, sus domésticos peludos eran capaces de dar más sosiego hogareño. Pero la bellísima Paquituqui, una gatita que no llega al semestre de vida, trae por la calle de la amargura a su familia; su gata compañera, adulta del todo, se hastía de sus reiterados desprecios y la pareja de humanos jóvenes, en la edad de la orgullosa sapiencia, tienen que ir al psicólogo especialista en el diván para dueños de gatos domésticos. Terapia para soportar su ciclón canino, ladrona ocultista de todo lo que ve, aventurera suicida de escapismo sobre terrazas ajenas, devoradora pantagruélica de lo comestible o sintético, es decir, un regalito de bicho que, te acaricia a zarpazo límpio. Ahora que un animal de compañía tiene más valor familiar, que un ucranio para Putin, he descubierto de esta nueva profesión, para calmar los ánimos de los padres de las paquituquis, para llevarlos al redil de un dulce hogar sin insomnio.

No sé, pero Isabel Ayuso, se me asemeja al efecto gatuno de la reina de las travesuras, desplantes y maldades. Ya nos puso sobre aviso un líder de la Falange, chivateando la devoción de la jovencita Isabel, por conocer sobre Onésimo Redondo, ojo al dato. La baronesa, con menos cuadros que doña Thyssen, es capaz de desafiar a la Moncloa, para ella, llena de clonificados rogelios; dar lecciones de nacional catolicismo al Abad del Valle de los Caídos, rezando a velo desprendido a la Almudena; romper el pacto de la omertá de los barones populares, para cargarse a Casado sin ralentí, todo un geniazo.

Ayuso pide cabezas, como Salomé, su ira tiene toda la fuerza de los pecados de la gran capital de España, quiere venganza para todos los que han manchado su nombre y,  su expulsión al Averno, allí donde  reina la anarquía de los rojos incontrolados.

Doña Isabel ha vuelto locos a su electorado madrileños, ha trastornado a sus homónimos del PP, ha enloquecido a Pablo en  su discurso de despedida; Almeida se ha bajado del barco antes que lo despelleje el gatuperio Carromero. Ya nada más queda Pablo Montesinos para contarnos  evangélicamente la subida al Gólgota de Casado, el hombre que  siempre dijo la verdad ¿me lo creo?

Eso sí, el hermanísimo de doña Isabelita, se lo ha llevado calentito ante nuestras narices, pero su gran y aprovechada mascarada queda en asuntos  de la familia unida. Es decir, todos al diván de las ferocidades de Ayuso.

Curro Flores

 

 

 

 

 

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