viernes, 11 de marzo de 2022

MODORRAS ANTI ALARMAS

MODORRAS ANTI ALARMAS

En mi calendario otoñal, de más de reflexiones que de flexiones, me espabilan recuerdos sellados por Orfeo.

La Corporación malagueña, héroes por un día, el 23F nos constituimos en guardianes de la democracia ciudadana y, gastando luz a tropel, para que se notara, mantuvimos la Casona del Parque abierta, con la mayor parte de los ediles acompañando al Alcalde. El menda, mientras se disparaban las alarmas de la Patria, en un cómodo sillón de la alcaldía, no pudo dejar de dar una cabezadita; interrumpida, por un sorprendido Aparicio. Me expliqué, con una de mis salidas, a la par que el Emérito leía: dije que quería estar fresquito para el día siguiente.

Lo mismo me pasó y, en el mismo sillón, la primera noche de las terribles inundaciones del 89. Era mi estreno como alcalde más accidentado que accidental, después de un desolador paseo por las zonas más afectadas a las que pudimos llegar con nuestros medios municipales; con los concejales afectados por sus competencias, celebramos una sesión de trabajo en la alcaldía para ordenar los preparativos del día siguiente, terminada, empezó una charlatanería inocua que, me traspuso a los territorios de Morfeo. Esa vez me despertó un portazo airado de un concejal que se había pasado de farolero.

En las elecciones de 1983, de las capitales de España, Málaga destacó porque los socialistas obtuvimos 21 de los 29 concejales en liza, un incontestable triunfo de Pedro Aparicio; pero como en mi partido tenemos más contestones de la cuenta; diez de los ediles se sentía agraviados por el reparto de competencias, ayudados por la cúpula provincial, pusieron un voto de censura para desalojar al Alcalde, repito, el más votado. El degüello estaba señalado, para las 8 horas de aquel día, pasamos una noche trasegando los defensores de Pedro, dos horas antes, fui a cambiarme a  casa, pero hete aquí que me llamaron de urgencia, para deshacer el empate augurado, porque como en todas las grandes ocasiones ya me había picado la tse-tse.

Leer libros de supervivencia tiene sus consecuencias, es decir, hasta te puedes dormir, sobre el hombro de un crítico musical, el amigo Manuel del Campo, en uno de aquellos inolvidables conciertos feriales que se celebraban en la Catedral.

Curro Flores

 

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