LA CUEVA DE JESÚS GIL
Ni Marbella encuentra la cueva donde Gil ocultó los tesoros de su expolio, ni tantos rollos de sumarios e investigaciones, han dado para más que recuperar unas importantes minucias del saqueo. Es decir, que con tantos en chirona, ni la Pantoja ha cantado.
Viví los principios del gilismo marbellí, oyendo a muchos empresarios, amigos algunos, celebrar la presencia del macabro Alcalde, para recuperar el nombre y la economía de Marbella, ajados por el devenir de la gestión sociata. A los postres, ninguno lo trato, ni lo votó, ni estaba de acuerdo con el ridículo hipopótamo en la bañera en Tele5. Todos eran devotos de San Pedro, antes de que cantara el gallo.
Era público y notorio que, en su Ayuntamiento paralelo, el Club Financiero, Jesús Gil apañaba todas sus tropelías, es más, un antiguo amigo de la trena, era la persona de confianza que determinaba las mordidas para cerrar los tratos. Por ahí desfilaron los ladrilleros, capaces de levantar la Torre de Babel en un cachito del rebalaje. Nadie lo conoció, milagro del Alzheimer.
Llegó a lomos de Imperioso, para descabalgar el imperio del nombre de la ciudad que le eligió, inocentes sus ciudadanos que, después de su paso por la cárcel, en las encuestas, su grupo Independiente había perdido escaso crédito.
Ya pasan casi 20 años de su muerte y, no ha habido sabuesos suficientes para decir Ábrete Sésamo, ni el mismísimo Torrente. Las deudas del Ayuntamiento siguen volando, en un territorio de grandes desigualdades, ni tan siquiera hay para construir una residencia de ancianos pública, privadas hay hasta para que pierda kilos un Nobel en verano.
Hoy la Virgen de la Cueva se está desparramando sobre el erial, alegría; ayer los discípulos del Cholo ganaron con un gol de Joao Félix, y mira por dónde, a mí me pasa por la cabeza que de la venta de tantos peloteros millonarios a rayas rojas y blancas, pudieran sanearse las barbaridades de Papi, entre Roca y roscas.
Curro Flores
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