ADIÓS DE JOAN MANUEL SERRAT
Mi admirado amigo, Joan Manuel Serrat, se auto despidió ayer, ante 15.200 personas en el Palacio Sant Jordi; bajó el telón tras 57 años de ejercer de Magister de Juglaría, para toda mi generación y perpetuas calendas.
Le di la bienvenida a su voz, a son de tocadiscos, en ratos de sosiego de juventud y marcando el paso en algunos de nuestros bailes pandilleros; casi como todos aquellos que nos ha jubilado el calendario. Entoné sus versos y aprendí de él a amar la mejor poesía del alma hispana.
La mayor felicidad por la suerte del azar de haber sido 12 años concejal de Cultura, fue haber contado con Joan Manuel, en las mejores noches de las Serenatas de la Luna Joven, en la Malagueta. Nos deleitó por varios años, siendo de por siempre, el artista más rentable de las múltiples figuras nacionales e internacionales que concurrieron a los eventos de mi invención. Llenaba hasta la bola y cuadraban las cuentas de taquilla.
En muchas ocasiones departimos frente al mar, antes o después de sus recitales, aunque de todos los comensales, él prefería tener de cerca los chistes y simpatía de María José. Conmigo siempre tuvo una excelente amistad y camaradería; de todos mis compañeros catalanes, empezando por Narcis y Maragall, nunca tuve un análisis más certero de la deriva catalanista que, de sus enriquecidas apreciaciones.
14.000 almas desbordábamos la Plaza de Toros, tras la inolvidable actuación, Joan Manuel se permitió amonestarme: -“Curro, eres el único que no me ha escuchado”. Me permití contestarle: -“Alguien debía de ocuparse de que no reventaran los apretujones”.
Nunca conseguí, por sus apreciables razones musicales, que viniera a dar inicio a nuestra Feria en el Parque, la noche de los “fuegos artificiales”. Él tampoco que, yo le invitara a actuar en el Teatro Municipal Miguel de Cervantes, porque me parecía algo descompensado económicamente. Más tarde nuestros sucesores lo hicieron, y mi amigo bien que me echó en cara en TVE, sus años de ausencia.
Siempre seré su devoto, ahora me emociona prestar oídos a Mediterráneo, pensando en nuestra desdicha, para que en tiempo lejanísimo: -Si un día para su mal, viene a buscarlo la parca…Me gustaría concederle más indulgencias plenarias que Francisco puede y el Jubileo de la Porciúncula; para dar fe a su herencia, sembrando sus emociones en la ladera de un monte, por el que florezca lo mejor de nuestras semillas artísticas y de solidaridad.
Curro Flores
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