jueves, 15 de diciembre de 2022

EL CENTENARIO DE LA CABALGATA DE REYES

EL CENTENARIO DE LA CABALGATA DE REYES

Hoy ha querido conmemorar el Ayuntamiento de Málaga los cien años  celebración de la Cabalgata de los Reyes Magos, a lo que he sido invitado, muy agradecido estoy. Quizá no sepan los actuales munícipes que tuve la honorable tarea de dirigir su organización durante 12 años; y que si me preguntaran de cual todas aquellas actividades, a las que tuve que aplicarme, era de mi mayor agrado, no duraría en señalarla como la más estimulante y generosa.

Elegir carrozas esplendorosas y evocadoras, repartir figurantes entre los niños de los distritos municipales, recibir a sus Majestades en la Casona, estar nervioso por si llueve, que no falten caramelos, la seguridad,  la fanfarria y los disfraces, todo un mundo de recuerdos inolvidables.

Por señaladas, guardo tres, en mi acervo particular. Aquella primera, sin un truco administrativo, para encontrar unos ochavos, cosas de primerizos, por lo que decidimos hacer las carrozas con los medios municipales;  así que el inolvidable Carlos de Mesa, nuestros artistas diseñadores, Manolo Morales y Paco Santana; más la gran tropa de los Servicios Operativos, se aplicaron en el almacén vacio del Mercado Mayorista. Hoy CAC, y en secreto edificaron unos entrañables juguetes de madera, de singular gusto y detalle, que deleitaron a los miles de niños.

Otra fue la de mi “anibalada”. Tenía apalabrado un elefante para el Cortejo, con la orden a sus cuidadores de que le acompañaran con las mejores galas, como las de El Mayor Espectáculo del Mundo, proyección que me deslumbró en mi infancia, hasta para perder el chupete. El Alcalde, Pedro Aparicio, puntualísimo, estaba exasperado por la tardanza del inicio; yo, nervioso disfrazado de dormilón, para pasar desapercibido entre la multitud, me dirigí a lo sorprendidos guardias municipales de la puerta, para me encontraran  a Simbad que, andaba dando tumbos con su trompa por las inmediaciones de Hacienda. Llegó al fin el paquidermo, con su domador mal ataviado, lo que me disgustó, al punto de decidir subirme al animalito, para darle a la cosa color; curiosa improvisación de mi carácter para larga memoria. Ya contaré la aventura, el número de varazos que recibí de los árboles del Parque, recién podados; como se infla de caramelos la gula prosbocidea y, de la codicia materna por las golosinas, capaces de meter a los niños bajo sus patas por una chuche. Es decir, una gran “anibalada”.

Antes de los eventos de la Exposición Universal del 92, la Junta había aceptado nuestra propuesta de hacer la primera exposición de Picasso en su ciudad natal, para la que no se encontraba un espacio ad hoc. Recibíamos en domingo en el Salón de los Espejos a los pajes de los Reyes Magos, chocolate y churros, para informarles de cómo sería la recepción malagueña a sus majestades, al pronto interrumpió un municipal, para traernos la novedad de que señor obispo, monseñor Buxarrais, al ver el Consistorio iluminado, había solicitado ver al Alcalde, ¡tatachín…! El santo don Ramón, quería transmitir a don Pedro, su deseo de no contar con mi oposición, para que la Picasso Clásico se celebrara en el Palacio Obispal, favor concedido. “Los caminos del Señor son inescrutables”, decía el profeta Isaías; vaya certeza, la Magna muestra, fue la semilla para el mayor regalo recibido por Málaga, el Museo Picasso, gracias a la llegada de su nuera Christine, “hada madrina” de los deseos del Pintor para con sus paisanos.

Curro Flores

 

 

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