EL NIPONAZO
Ni las segundas gotas de calima pararon a mis equipos del barrio, todos africanos, de los de arriba y de los de abajo de las arenas del Sahara; disputaban la pelota tras los postres en su potrero de cemento municipal y mini porterías malagueñas. Tuve que dejarlos porque la Primera tiene programada una siesta de locutores pesados y ex peloteros de postín venidos a sesudos charlatanes: nada más y mucho menos, que un Croacia contra Bélgica; un vaivén entre los de Modric, frente al portero estrella del año pasado, y el futbolista que le ha salido más caro a don Florentino. En resumen, al muñeco meón, lo han dejado con el culo al aire, y a los millonarios de su equipo, de penitentes vacacionales, cosas del Hazard.
Había que intelectualizarse, sin comentaristas, con letra impresa, en la tarde y negra noche, dedicada a la Roja, mientras se exprimen unos goterones de la enclenque panza de burra de -marrón fachada-. La tarjeta amarilla de Busquet, daba para la mayor tesis doctoral, entre el saludable baño preventivo de Gavi y Rodrigo, para ver si los reparan los fisioterapeutas del paddock; todo un tratado de emborriza cacumen de profunda lectura.
Pero el periódico me dio las señas de los signos de los tiempos; así para rellenar el surtidito de páginas, como el arpa de Gustavo Adolfo Bécquer, en rincón olvidadizo, se titulaba: -La sangre africana corre por las venas de 19 selecciones-; trescientas palabras que explican una historia del cambio del paradigma de las raciales camisetas nacionales de antaño. Luis Enrique nos ha seleccionado a tres fulgurantes estrellas de procedencia africana.
La radio me fue dando sinsabores hispánicos, uno de los japoneses y dos para ponernos a temblar, hasta que tuvimos que agradecer a los teutones sus goles del adiós al Mundial. Los sopones de entrevistas amargas, me aburrieron, por la obviedad de la triste llorada del perdedor. Así que cogí una Historia del Pueblo Alemán, editada en la España de 1941, en la que en su primera página, para abrir boca, tenía impreso: -Pueblo alemán, olvida los catorce años de decadencia y pon ante ti los 2000 años de historia alemana. ADOLFO HITLER.
Es para meditar, después del fracaso de los germanos, tetracampeones mundiales, eliminados a la primera en las dos últimas convocatorias; puedan hacer resurgir algún maniaco asesino, nostálgico evocador de los beckenbauers, para provocar la mundial a torpedazos.
Curro Flores
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