DE COMPAÑEROS A CIVILES
De tanto leer, tanto descuido. No conocí hasta ayer que los señores Leguina y Redondo Terreros, hubieran tenido que ser expedientados por el PSOE para su expulsión del partido, consolidada en esta semana del puente levadizo. Pensaba que sus manifestaciones contrarias y contestonas a la política que se lleva a cabo; se correspondían con su lógica actitud de haber abandonado nuestras filas. Por coherencia y conocimiento de las exigencias estatutarias; nadie puede pensar que los excompañeros de andamiaje, tenían bula para expresar sus disidencias y desplantes, menos todo un barón de los antiguos, a su vez, responsable durante años de la organización de los socialistas madrileños; o un Nicolás de los Redondos de toda la vida.
Al común de los ciudadanos, le importa un bledo el catecismo de los partidos, tan mala cosa, pero cierta. El agotamiento que sufre la buena política y sus circunstancias, más el deterioro de la imagen de los políticos y sus siglas, nos llevan de sonrojo.
No sé si por ser tiestos de jarrones chinitos, elevados criterios políticos, ojeriza a Sánchez y demás compaña. La pareja de despachados, hoy se sienten más reconfortados en su ira. Tiene mucho mérito, ser alentadores de alto COPE-te, de la charlatanería de monseñor Herrera, desconozco si gratis o con beneficios de agentes dobles; pero sus opiniones son caldo de cultivo de la derecha más rancia y, del pensamiento más reaccionario, creo que ellos son conscientes de esto, no les presumo pecado de inocencia.
Ser miembro de un partido democrático, por esencia e historia, imprime carácter, aunque no devociones beatíficas y menos la creencia de estar en posesión de la verdad; es más, siempre tuve en solfa los excesos aparatistas o las decisiones ajenas al guión democrático. No me gusta malgastar la palabra cultura, en las costumbres que se instalan de nuestros ancestros y devenir militantes; menos la estupidez de los de la ·cultura de empresa”. Aunque si la de educación con la totalidad de los que portan nuestro carnet de afiliados que, se merecen antes de zaherirles desde sus tribunas eclesiástica, una leve carta de dimisión para ahorrar trámites.
Curro Flores
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