EL BOOMERANG DEL REY
Rudyard Kipling en 1932 redactó el primer discurso de Navidad del monarca inglés Jorge V, dirigido a sus súbditos los -lunfardos alemanes-, como llamaba Borges irónicamente a sus amados británicos; desde entonces todas las monarquías en ejercicio han querido heredar el hallazgo, para felicitarnos y unos minutillos más de editorial.
En España la parte de fondo, se prepara con un mes de antelación antes de la grabación por los zarzueleros, rematados por el jefe de la Casa Real y el jefe de comunicación; no sin antes ponerse de acuerdo con los monclovitas, para evitar dislates o añadirlos; al final Felipe VI pone el punto final, como el Papa en las encíclicas. Nunca se dice si la Reina locutora, corrige los acentos.
En los primeros años del neófito, Juan Carlos I, yo me mantenía alikindoi al discurso antes de la sopa de convidados, por si las moscas; en los inicios de la Transición el ruido de sables, era para mantenernos en solivianto agudo. Después la cosa se mezcló con los gritos, las nuevas presencias, los presuntos de VOX y podemitas, los niños esperando al comercial de Papá Noel y la batalla por las croquetas de mi difunta madre.
Así que tenía que esperar al día siguiente para coger onda, aunque el oficio me tuviera hecho, -al siempre me dices lo mismo-. Lo que no quita que los cucos y las cucas de los partidos, estuvieran trabajando en las antípodas del verbo, para sacarle jugo y filón al mensaje en su provecho.
Este año sin tregua, los “institucionales” han coincidido en el plácet de ponerlo de su parte, lo que me figura que su majestad ha lanzado un boomerang de divinas palabras que, cada cual ha hecho suyas, antes que le hundan la sesera. Con mensaje o sin mensaje, la realidad impone que nuestras mesnadas vivan en paz política sin triquiñuelas; porque el mar de dificultades cotidianas está asentando una terrible marejada.
Curro Flores
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