jueves, 22 de diciembre de 2022

EL GORDO

 

EL GORDO

Tiempo hace que se puso en marcha el Sorteo Extraordinario de Navidad, 1812, en la capital gaditana, durante las Cortes de Cádiz, se llamaba “Prósperos de Premios”, hasta 1892. –Gracias, Wiki. Antes reinaba en mi cabeza que fue Franco su creador, genial suertudo, para paliar el régimen de la “cartilla de racionamiento”, en los tiempos en que las vacas lechera sonaban a lata de leche condensada y a latita colegial para la de en polvo “americani”. El Generalísimo con su vasto ingenio, ni inventó la Seguridad Social, ni las colas de Doña Manolita, y se le fue por timo “el combustible nacional”, en los años de la España de luto, candiles y a “dos velas”,  con la engañifa de la pertinaz sequía del NODO por la crisis energética.

Los que cantábamos, -“Se va el caimán”, barbados de lecturas clandestinas, atribuíamos al “Pequeño Dictador”, el taimado juego de tener a la gente entretenida con la cantata de los Niños de San Idelfonso, para alejarnos de la realidad en la que vivíamos, además de jugar a las aspiraciones de ricachos con nuestro pueblo, más que del mundo ilusorio de la igualdad colectiva. La censura aumenta las dioptrías negativas, y aunque yo tengo en mi mesa una edición facsímil del Libro de la Suerte y, y no me sorprendió que se parara el duelo de mi abuelo, para sacarle unos cuponcillos de su chaqueta, poner la  radio, para saber cómo cada noche, que no habíamos heredado ni pum de los ciegos. Tenía esa falaz idea, cimentada en el número de participaciones cofrades y peñistas que tenía que comprobar cada 23 de diciembre, sin interneses, a periódico en ristre, ¡ni pedreas!

Cuando dejamos de ser hijos de Isabel y Fernando, e iban muy prietas las filas en los colegios electorales, todavía algunos seguían con la copla izquierdista del lavado de cerebro para desafortunados; pero muy pronto, nuestras –casas del pueblo-, sanearon su magra economía, con la venta de papeletas de lotería. Ayer, por muy tocado, estaba yo en las antípodas constitucionales, cuando  el común, rascaba por las redes si alguna de nuestras papeletas nos había cambiado la suerte.

Curro Flores

 

 

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