EL TORNO DE LAS DELICIAS
Poco empaque tiene el clero tras los hechos de ludibrio de algunos sacerdotes en mi terruño; así que de mana divino hay que hablar para superar sus sordideces; porque de cada colectividad, podemos decir, que de todo hay en la viña del Señor, aunque en la campiña antequerana la rama de la oliva prime al sarmiento. Las Clarisas del convento de la calle de Belén, por la gracia de superar sus necesidades y buena ventura monjil, atraen a todas las tropas de golosos a su torno, como el panal de rica miel a las moscas. Por el rico Bienmesabe me puse en cola, esa delicia culinaria creada en la Ciudad por la que sale el sol por la Peña de los Enamorados, y de ponerse, ya veremos si salta los Andes. La Sor que se avistaba en dependienta secreta, amable y solicita, pensé que era una novicia africana; después supe que nacieron en las misiones del Domund, para redimirnos los paladares amargura, todas las integrantes de su comunidad de clausura. Las abejas de la túnica franciscana y babero, al alba, tras los maitines, deben estar espachurrando harina con levadura con sus puños, rociando salpicones de azúcar y qué se yo, para dar forma e infierno en su horno endiosado de aroma a ambrosía; pero les ha dado ya el ahorro para automatizarse. Sus mantecados, con el pedigrí de ser la felicidad de las navidades de nuestros monarcas en el XIX, ahora también los lleva a la carrera Telepizza, empresa que le ayuda en los envíos generosamente, también con: magdalenas, roscos de vino, alfajores, polvorones, trufas de chocolate, bombones, coquitas, tortas de Santa Clara; podría estar pregonando a revuelo sus delicias, porque de tanto escribir de tragedias y los sinsabores de costumbre, hoy me place no fastidiarles el día, porque a nadie le debe amargar un dulce, y como dice la abadesa, para evitar obesidades, moderación y paseíto al canto.
Curro Flores
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