LA PASTA VUELA
En la mismita malagueña calle Larios, Brite, tiene unos cocos que pretenden zamparse las tarjetas de los bancos; el personal briteño, comandados por su jefa Lena Hackëloer, fundadora de la empresa de matriz en Estocolmo y con apellido para hackearlo. Está de enhorabuena porque su negocio del dinero fantasma, va a permitir acabar con el fastidio de llegar al cajero del súper, y tener que buscar la tarjeta en el fondo perdido de la chaqueta. La listilla sueca, está muy contenta, porque sus trabajadores en la Ciudad del Paraíso, entre luces de navidades de viva las fiestas, Carnaval, procesiones, Feria del Centro Sur de Europa y turisteo, tienen unos ratos para quitarle a las VISAs y Masters el negociete bancario de chupar a crédito de tu insolvencia, para crecer sin límite en el mundo de las transacciones financieras por la Nube; lo malo es que como no llueve, y la sequía me tiene en números rojos. En fin, salvo los dinero de la lavanderías siniestras, los de debajo el colchón, los manojos en el bolsillo de los tratantes; ni para el óbolo de la misa de difuntos, o echar la moneda al aire, vamos a tener al contado un eurapio en el bolsillo. La empresa nos asegura transparencia, seguridad, ahorro en costo y realización del trámite bancarios; pero lo que no nos puede garantizar es un saldo de solvencia en nuestra cuenta. Los del PREU y la Cartilla de Beneficencia, que nos buscábamos las pesetas en los dobladillos, ahora con el teléfono inteligente, también preñado en la Universidad de Málaga, por un romance-kiki con una telefónica finlandesa, de lo que poco sabe el mundo de los inventos: estaremos para el arrastre, contando con los dedos por partida triple, mientras se vuela nuestra paga, hasta nuestra tarjeta de condolencia.
Curro Flores
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