SPOTLIGHT A LA ESPAÑOLA
El periodismo de investigación hace años que ni se vislumbra en nuestra “demo”, es de memos pensar en el de la España nacional-catolicista; así que el papel nuestro Boston Globos, se lo ha tenido que encargar el Congreso a nuestro Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, capaz y capataz de pringarse año y medio, para que conozcamos los abusos sexuales cometidos en el ámbito de la Iglesias; que a ojo, mejor que de cubero, se estiman en más de 400.000 los infantes sometidos por los demonios del clero para sus desenfrenos sexuales. Un rijoso comentario del confesor, en mis devotos 12 añitos, hizo apartarme de los oídos secretos para los restos; sin ser clerófobo, me iluminé ante el sotanismo. Los excesos, terriblemente excesivos, se mantenían ocultos bajo el manto celestial de sus guardianes, la mayoría de las veces, para insatisfacción y hasta vergüenza de sus víctimas. Ni Derecho Canónico, ni sursuncorda, desamparo absoluto y silenciador. Sugiere don Ángel en su informe de 777 páginas, 111 menos las habría cargado el diablo, que se establezca un fondo de compensación por el Estado, para desagraviar en parte a las personas que sufrieron los abusos, al que debe contribuir la Iglesia, o ser de carácter subsidiario. Nuestro Defensor acusa a las autoridades eclesiásticas de practicar su particular decreto de confesión, para tapar delitos y delincuentes. No creo que sea practicar ningún delito de opinión, menos ser juez, ni fiel de la balanza de la Justicia; pero como un tal de los corrientes y los molientes, me siento apesadumbrado, si el total de las indemnizaciones que se pudieran establecer, no las pagara el óbolo acumulado en las cuentitis vaticanas. Los yanquis por lo pronto no han pagado un dólar de su Income Tax para las ruindades divinatorias, allí tienen más claro lo de que cada mochuelo a su olivo, nunca es tarde para empezar.
Curro Flores
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