SEQUÍA DE PSICÓLOGOS
Mi paciente incultura, capaz de no enterarse de lo que pasa en los aledaños; descubrió ayer entre el horroroso incendio de las discotecas murcianas, a saber de culpables. La inaguantable situación de nuestra Sanidad Pública, en la que por faltar, estamos cortitos de psicólogos; a pesar de los cuatrocientos y pico que para 2023 y siguiente contará el SAS. La cosa es que la Organización Mundial de la Salud, recomienda 10 PIR, por cien mil habitantes; España como la media Europea más aventajada andamos por seis; pero Málaga como Al-ÁndaJuanma, estamos en tres, y en los pueblos de interior la cosa está como el agua en las acequias. Siempre me reía de cómo llaman algunos argentinos a su capital, Psico Aires, porque en ella abundan los divanes para contarle al freudiano, su milonga al tres por cuatro. Lectura daba el representante del ANPIR local, sobre la mala fortuna de sus colegiados que no pueden nutrir de hamacas las salas de consulta de los centros de salud; lo que constituiría un remedio fundamental, para el abordaje de los nervios perdidos y ahorraría cantidad de medicamentos, que a ojo clínico de buen cubero recetan los médicos de cabecera hasta por el móvil. Si es por producir, nuestras aulas universitarias dan tantos psicólogos como galenos; pero los de la mente se las tienen que buscar en su cuchitril en solitario; cuando rara no es la pregunta en las tareas de -¿dónde está hoy fulanito?, y la conocida respuesta. -¡está depre! En fin, podemos llorar con un ojo; porque el nacional-catolicismo nos dejó el acervo de pagar una gran plantilla de sacerdotes con el erario público; un ejército menguante de cuidadores del alma, sustituto creyente de nuestras tribulaciones del coco. Pero el suplido eclesiástico anda de cabeza, con curas como el de Vélez. En fin, por darle dolores de cabeza al Palacio de San Telmo, para evitar coger un arrebato rellenando el crucigrama imposible, voy a pedirnos un psicólogo de cabecera para que no nos digan mentecatos.
Curro Flores
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