DE PEDRO APARICIO A MARTINEZ ALMEIDA
Ha vuelto el alcalde de Madrid de hacer la pantomima en Bruselas con otros ediles del PP, sobre el reparto, cacarean, injusto de los fondos europeos, creo que se han entrevistado con el Manneken Piss. Aparicio, como alcalde, nunca se hubiera prestado a una chifladura partidaria tan sectaria. Pero de Almeida que, parecía el envés de los suyos, más me sobrecogió el mal gesto con la célebre escritora Almudena Grandes, tras su fallecimiento, según él -no predilecta- de ese honor del Ayuntamiento capitalino.
Pedro, primer alcalde de los alcaldes democráticos de España, si hubiera conocido esta reacción del madrileño, no le hubieran faltado pluma y razones para deplorar elegantemente esta actitud fanática, no hay argumentos por más que se le atragantaran sus artículos, sus libros no creo que los ojeara.
Aparicio quiso que uno de nuestros últimos actos municipales, fuera la entrega de las medallas de la Ciudad a varios distinguidos malagueños: Mari Pepa Estrada, Revello de Toro, Enrique Llovet, don Manuel Gámez y Miguel Ángel Jiménez. Al numeroso acto, acudió la recién elegida alcaldesa, Celia Villalobos.
Mari Pepa Estrada, personalidad singular, pintora, escritora y gentil animadora de la vida de Málaga, madre del inconmensurable Rafael Pérez Estrada, y de los amigos Esteban, Víctor, José Manuel y la inolvidable belleza de María Luisa, no pudiera, ni por asomo, asociarse a nuestros credos políticos.
De Félix Revello de Toro, de quién fui juez instructor del expediente, junto con el del padre Manuel Gámez. Con su pincel supo plasmar, sin igual, la luminosidad del alma de los que posaban para él, seña de identidad de su excepcional bondad y generosidad incomparable.
Enrique Llovet, Marco Polo, escritor dramático, crítico, ensayista, diplomático, autor de la mejor de las habaneras, “Yo te diré”, le conocí en una mesa redonda que protagonizaba junto a Carlos Barral e Ignacio Sotelo, en las primeras jornadas de cultura organizadas por el PSOE en 1978, sabio. Ya en los prolegómenos de la entrega de medallas, me lo presentó nuestro común amigo, Leo García Molina. Es sabido que Enrique provenía del Movimiento.
Manuel Gámez, el ser magnífico, es historia de todos los ecos afinados por él para nuestro goce, elevó la categoría de la “Málaga cantaora” de Manuel Machado, a la Málaga Coral, me emocionó escribir mi parlamento para su distinción.
Miguel Ángel Jiménez, el golfista campeonísimo más trotamundos, dejó seguro el colegio Manuel Fernández, en la Noria, las viviendas autoconstruidas de Churriana, sin asfaltar y saneamiento, frente al Aeropuerto, ruido no le faltó en la infancia. Eran los tiempos de su pubertad, primer trabajo e inicio en el golf, en los que yo era el joven concejal de nuestra localidad tan querida.
Rafael González de Gor, hoy, el hombre más rico de Málaga, leí ayer, creador del imperio de ropa infantil Mayoral. El amigo Rafael, en sus palabras de agradecimiento, nos contó que se había reunido con los trabajadores de su fábrica para celebrarlo, y se hizo esta pregunta ante ellos, -¿qué habré hecho yo para este merecimiento?, y fatal respuesta, -“yo nunca le he dado nada al PSOE y al Ayuntamiento”, impávidos quedamos, nosotros que en 16 años de gestión municipal con Pedro Aparicio, no nos casamos con nadie.
Fue la última regañina de concejal que recibí del Alcalde, ya en privado. Por lo visto, me espetó que yo había sido el más influyente postor de su candidatura entre los empresarios. Mi respuesta, solemne, es que lo de los intercambios fenicios es difícil de apartarlo de la mente de nuestra Malaca comercial.
Es largo lo escrito, lo siento, pero la escuela de Aparicio, es diferente a la del parvulario de Almeida.
Curro Flores
No hay comentarios:
Publicar un comentario