miércoles, 16 de febrero de 2022

UNO DE CADA PALO

UNO DE CADA PALO

Husmeaba con sosiego cuesta arriba, pero el cotorreo vecinal me azuzaba a trotar. El culé de Málaga, vociferaba al madridista,-¿cuándo nos habéis apoyado en nuestros partidos europeos?, y recordé al San Germain de la nocturna. Ella jaquetona con tronío, le decía a la vecina que había recibido el tercer puyazo de la vacuna, y tan contenta ¡qué bravura!

Mis pies iban más ligeros, y casi me tira a la pared de las cabras, un mamotreto humano, enfundado en un escuchimizado chándal, que al oído me largo con sonoridad ronca de vendedor de pescado, -¡cómo se cabree Putin, va a caer hasta el del bigote!, vaya bicho, me mesé la barba por si las moscas. Ya al trote, recordé a Eugenia (Yevheniya) en Ucrania y, en cirílico mejor para ella, hace pocos días lloraba a mi madre desconsolada, mientras liaba la ropa de mi tía Sierrita a la que tanto ayudó, para enviarla a sus familiares en su pueblo en Kiev. Los que juegan a la play guerrera desde los altos mandos, no tienen reparos en poner en vilo o matar al ciudadano desconocido, encima alimentan especímenes como el del chandita.

Llegué al galope al supermercado, estaba menos alterados los carritos, aunque se rumiaba tras las mascarillas las subidas de precios de los alimentos, ojos delatores.

Ya a la tarde me hicieron hueco unos amigos, para ver en gran plasma, el partido del año-de ayer-, PSG contra el Real Madrid.

Todo aburrido, boleones de atletas millonarios  atrincherados, con destellos,  el miedo se imponía para evitar inspiraciones de garabitos de patio de colegio o potrero.

La  animosa charla trufada de fútbol, y huis, derivó a la política, impuestos y más candela, cada cual sacó sus  curriculum deportivo, la del buen profesional y su procedencia, el más joven de Alhama y el mayor de la Castilla de Don Quijote.

En el descanso se acercó el elegante del Betis, al igual que yo afecto a Pellegrini, pero me sacó el carnet de socio y estaba fotografiado Rogelio, horror, el que nos mandó a segunda división a los malagueño, un nudo de tónica.

Siguió el rollazo, hasta el penalti, Messi con cara de duelo y el cancerbero obró  el milagro.

Mbappé, el millonario de la noche, nos dejó cariacontecidos, dispuestos a la última copa, y empezó la política de alta graduación alcohólica. Mi vecino de asiento, el joven, hijo de la anterior alcaldesa socialista de su pueblo, se nos mostró de VOX; el modesto empresario con los gestos nos tomaba por vainas. El bético se declaraba humanista en toda su esencia de chapurreo, pobre Erasmo. Pero se unió un pupas del Atlético, al grito de viva la Legión, tenía preparada las escopetas en su piso y, seguro más copas de alcohol, para destacarnos a Millán Astray solemnemente.

La vuelta lo veré con mi libro en la rodilla, solano, no me gustaría repetir la amigable experiencia hispana, e imploraré se juegue a los penaltis, tenemos a Courtois, el resto de los pelotazos me sobran.

Curro Flores

 

 

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