ESTAMOS SEQUITOS
Si de mi condición sacara la petulancia de Aznar, -él del milagro económico soy yo, al menos, para los doce ministros imputados de los catorce de su gabinete, diría que, -yo sería el prodigio contra la sequía que vivimos.
Ni harían falta procesiones, ni invocaciones a San Isidro, San Medardo o la Virgen del Caño para que llueva. Tres días que el bastón de alcalde empuñara, accidental o accidentado, para que los mejores armadores tuviesen que construir toda la flota de cruceros que el reloj le diera para salvarnos, hasta que llegue la palomita a decirnos que ha escampado. A las pruebas me remito, van para los años de Cristo, las terribles inundaciones malagueñas, en la que yo me senté en el sillón de alcalde, provisionalmente, menos mal. y el cielo de “panza de burra” soltó todo el agua que le vino en gana.
La casualidad, ni los milagros, son hechos probado, pero por si las moscas, aquí está el chache. Mientras las tormentas son políticas y las granizadas son las cubetas de agua fría que se arrojan los genovesillos, la sequía va eriando cada palmo de tierra de los pantanos, en la foto del de la Viñuela, apenas queda para lavar su ano.
El amigo y catedrático de Geografía Física, Damián Ruiz Sinoga, es mi oráculo con sus artículos que, desde hace un tiempo me tienen con la boca áspera y el alma en vilo, con sus certezas y malos agüeros, en 80 años no hemos conocido uno tan seco como este, al que ya podemos llamar el año del camello.
Es una pena que en mi biblioteca ha dejado el hueco de los prestados, el Strahler, mi viejo manual de la asignatura de Damián, el que sería ahora mi libro de cabecera; le estará sacando provecho el destinatario por los paseos de la muerte. Lo digo porque ya me faltan dedos para hurgar por el móvil en los pronósticos del tiempo a quince días, con menos aciertos que el cupón de ciegos, no sé si ponen las gotitas y el icono del paraguas, más por cábalas que por algoritmos matemáticos.
Sea como sea, aunque no se lo crea, repitamos como en la infancia: Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva…, ya no solo trasciende a la agricultura, que ya es bastante, sino que nos veremos obligados a cerrar el grifo, porque cuando no salga ni gota de agua, nuestra ira puede ser inconmensurable. También fui víctima en mi primer año de edil en mi querida Churriana, hasta donde pueden llegar los gritos de los vecinos con la garganta seca.
Curro Flores
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