EL HOMO SOVIETICUS
Svetlana Aleksiévich, la periodista y escritora, primero el oficio, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2015; me dejo con un permanente nudo en la garganta, leyendo su libro Voces de Chernóbil. En las estanterías de tantos cientos de libros por leer, distinguido por un forro de Pooh y con su amigo Tigger de verbena, como señal de urgencia, estaba el libro de la literata bielorrusa, EL HOMO SOVIETICUS.
Hoy Putin ha activado su fuerza nuclear, ante su negociación con Ucrania, es el titular alarmante de esta madrugada; el reto del pistolero más peligroso del Mundo, ríete del coreanito del Norte. Ayer, la anatomía del destructor, la aparté, para leer El Homo Sovieticus, su visión del devenir de la lenta desaparición del sovietismo en las personas que vivieron en la URSS; y hasta en los jóvenes que presumen con sus camisetas de Lenin o del Che, sin saber ni lo que fueron; algo así como los jovencitos andaluces, de la Generación del Mollete, que suelen reconocer su Autonomía por la semana escolar de vacaciones de ornato verde y blanco.
Gorbachov especuló, que costaría más de 50 años, hacer desaparecer el pelo de la dehesa de las huellas del comunismo; como a nosotros los españoles se nos murió el Dictador antes, e impávidos vemos como resurgen sus restos, como acné otoñal, en formato VOX; no es difícil deducir, que la hoz y el martillo, los tienen cortados y machacados, por más tiempo al paraíso del proletariado, ya cercado en parcelas especulativas.
Estos días son los propios, para entrar en el estado de comprensión del libro de Svetlana, para poder seguir los tics y los tocs, de los ciudadanos nacidos en las etapas del Imperio del terror de Stalin, y consiguientes, Kruschev, Brézhnev y Gorbachov, tras el Imperio de la miseria zarista. Ella pasó de la fe de joven konsomol en el marxismo-leninismo, a una de sus negacionistas más prominentes, nos dice, -uno llega a ser comunista leyendo a Marx, y anticomunista comprendiéndolo. Me pasó a mí desenmarañando Teología, y patrioterías en el nacional-catolicismo.
Enfrentado estamos, a un patriotero que rezuma La Internacional, mientras reza junto al Patriarca de Moscú. A nosotros nos sale el himno de Isabel y Fernando, firmes en el patio del colegio, la primavera; mientras algunos hemos balbuceado La Internacional, arreglo socialista. De broma, cuando los efluvios de tantas axilas con el puño levantado, me angustiaba a coro, cambiaba la letra, por –agrupémonos todos en la ducha al final.
Putin es varios meses más joven que yo, un subproducto transicional de un régimen opresor a una democracia; una exministra de exteriores del PP, doña Ana Palacio, le ha calificado de un buen estratega y magnífico táctico; le ha faltado, el ser que ha alcanzado el grado de más despreciable como HOMO SOVIETICUS, siempre lo había vaticinado por su profundo conocimiento, su perseguida y gran antagonista Svetlana Aleksiévich.
Curro Flores
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