EL DESALOJO DE LAS CASAS APAGADAS DEL PERCHEL
Las misivas de desalojo de unos vecinos del Perchel, amén de sublevarme, ya mayor, me han afinado los recuerdos de la infancia, en el Solar del Paraíso de los perdedores de la Sangrienta, aquellos Percheles, con sus adosados desconchones y en sus aledaños el Derribo, dónde ahora se ubica la primera gran tienda del Triángulo. Salvo las tataranietas de las ratas que pululan en los solares de calle El Calvo, queda poco recuerdo.
Serían las ferias del Barrio, las aprendizas de costureras, Encarni o Pepi, me adentraban de niño por sus callejones, lucía la calle con cadenetas colgadas de colores, Emilio el Moro, sonaba en el viejo tocadiscos con su Esperanza, pick-up de contrabando. Se mezclaba el olor a pinchitos y tomate picao con los fuertes efluvios, de las cañerías atoradas, el olor a las fábricas de pescao seco y las esquinas mojadas de odres vineros. Magdalenas de Proust para otra ocasión. Pero hete aquí que llegábamos a las casas más alineadas, los seis bloques de calle Malpica, de riguroso blanco, ante tanta pared abotijada, las que ahora pretenden tirar, para hacer ganancias de ladrillos.
Al Derribo llegaba el circo, mientras jugábamos a la pelota, tratando de birlar al municipal motorizado, el Acosta, pinchador de balones por oficio. Los más golfos, buscaban gatos, para cambiarlos por entradas para ver a las panteras peligrosas y los leones de Abisinia saciados, los ratones estaban de enhorabuena esos días. Si jugábamos contra los de enfrente, el nacionalcatolicismo, nos había dividido, entre los de la Legión, la Falange, los Picoletos y los Gurripatos, las tropas de las cuatro pías cofradías del vecindario.
Las cooperativas de viviendas del Carmen y San Vicente de Paúl, ésta la mía, de trabajo, aprendizaje de democracia y tantas cosas, nos afanábamos en paliar la ruina de los alojamientos de la población, construyendo nuevos bloques con cuartos de baños, terraza y cocina; también se entregaron muchas viviendas oficiales, hay que decirlo.
Quedaron en el olvido los malpiqueños, sobre un sabroso terreno, antes que cunda su desbandá, fuera de juego, Francisco de la Torre, nuestro alcalde, de derechas de toda la vida, como Dios manda, el de los dados marcados, pretende como siempre “soplar y sorber” al mismo tiempo, con la frase de manual de listillo: -“Hay que procurar que el proceso de impulso, sea compatible con la sostenibilidad social”, si te siguen es por lo bien que te explicas, cuando no tienes explicación para que el Colegio de Arquitectos denuncie que las viviendas visadas este año, cuatro mil, escasas diez se corresponden a las de protección oficial. Es decir, a lo mejor tiene el Ayuntamiento que comprar caravanas, con lo cara que está la gasolina y los pocos aparcamientos que se disponen para las familias sin albergue. Atento Daniel, batata caliente.
Curro Flores
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