sábado, 26 de febrero de 2022

LA GUERRA CALIENTE

LA GUERRA CALIENTE

Durante más de cuarenta años arramplados en nuestro sillón hemos peliculeado con las cintas de espionaje; desde que el Espía surgió del frío, la Guerra Fría se resolvía entre mamporros con yeinbones guaperas. Los nuestros eran los buenos; al otro lado del telón de acero, los buenos eran los de ellos, los putineros.

Por primera vez se da la orden en la OTAN de preparar las fuerzas de intervención rápida, la señal de todos los suicidios geopolíticos de carne humana y almas desesperadas. El día 22-2-2022, seis dos, ojalá le puedan leer los niños en su Historia, como el inicio del terrible momento de lo que se acabó por suerte.

No sé si podrán aprender los patrones de la revolución naranja, que es difícil imponer la sociedad abierta, sin una base militar al lado que afiance con su amenaza los nuevos mandatos ideológicos. Las cosas contra el poder represor y burocrático, necesitan de esos malévolos avales, desde que se inventó el agua caliente. El progreso de los derechos humanos que nos hemos dado, ha necesitado de héroes, la inmensidad de ellos perdidos en el anonimato de una cuneta o un calabozo.

“Putin es un líder implacable con las ideas claras”, dijo Aznar, tras ser recibido por el mandatario ruso en el Kremlin en 2016; de las palabras y los ojos de antepasados tártaros, distraídamente fijos, eso es lo que descubrió nuestro mosqueterillo de las Azores. Si hubiera estado en la trena como algunos de los miembros de su primer gabinete ministerial, o hubiera callado su elogio, o haría pública la verdad sobre el capo de la Nomenclatura. De viejos reos de izquierdas me empapé, que para mejor conocer la condición humana de un vistazo, nada más que había que hacer un prolongado curso en el patio de la cárcel.

Los días previos a la invasión a Ucrania, hemos seguido el parte de las conversaciones de los estados mayores occidentales con los rusos, y quitando el espía o los agentes ocultos que filtraron lo inexplicable, las noticias eran tomadas a mofa por los ocupantes de un pueblo que grita SOS. Nuestras autoridades nacionales e internacionales, necesitan una pasada entre rejas para iniciarse en la comprensión del adversario que, se sienta anfitrión en la mesa más larga de madera talada en los bosques siberianos, tahúr y matón despreciable.

En estos días he leído en las redes todas las adjetivaciones peyorativas calificando a Putin, el nuevo gran enemigo de la Humanidad; desde la de fascista a comunista, más todas las escalas intermedias, se miente esa propaganda adversa. Releyendo los dos tomos de las vidas paralelas de Stalin y Hitler, de Alan Bullock, pudieran intuirse algunas claves psicológicas del jerarca ruso; pero si la Guerra Caliente nos dejara tranquilo para leer con sosiego, más Gandhi,  La Anatomía de la destructividad humana, de Erich Fromm, es la mejor lectura que recomiendo, sustitutoria de un cursillo de un mes en un Gulag resort cualquiera, para entender al autor de la que puede ser la mayor putinada del Orbe.

Curro Flores

 

 

 

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