AL CENTRO DE JUERGA
Me murmuran la insatisfación de algún comercio del Centro de Málaga, por la celebración de la Feria de día en su territorio. Cosa curiosa podría parecerme, siendo uno de los testigos y actores, de que el acontecimiento festivo fuera un éxito, y que ya vamos por más de un siete quinquenios desde su nacimiento; pero debo de decir que con los años más me ensombro que me asombro.
Fueron unos activísimos, mis inolvidables, comerciantes del Centro; quiénes viendo que sus negocios se venían a pique, por la afluencia de nuevos centros de negocio en otros puntos de la ciudad; y que ya, aquella frasecita histórica, -¡voy a Málaga!-, que no era otra cosa, que encaminarse a calle Larios y aledaños, desde cualquier punto de la periferia urbana, había dejado de tener lugar. Comenzaron a tener encuentros con el Ayutamiento, mayormente con mi concejalía, para llenar de actividades y relucir en los acontecimientos festivos, a modo de reincentivar la afluencia de público.
Luces y programas navideños, carnavales, pases de moda, y por fin, la Feria de día. Desde las quincallas hasta los bancos, exceptuo a algunos bares, se entregaron generosamente a invitar a los visitantes para meterlos en juerga; enganches, folclores, multitudes alegres tenían un nuevo punto de cita para disfrutar.
En aquellos primeros debates, me guió los recuerdos de la infancia, en los tiempos en que en las ferias de los barrios del Perchel y la Trinidad, se adornaban las calles y los vecinos convivian y compartían sus particulares ágapes. Mi calle Cerrojo, solamente se adornaba un tramo, dónde dirigía la juerga, el simpático, Pepe (El Listo); mi parte era el de las viudas, empezando por mi madre, la más joven, demasiado vampiresco hubiera resultado apañarla con crespones negros.
El cambio del Centro, con los años, ha sido tan radical, que por la afluencia turística se ha convertido en un parte temático; con algunos recidentes-resitentes, y nuevas tiendas de marcas que han venido a sustituir a las de aquellos pioneros de su/nuestra Feria. Todo fluye, hasta los restos de Heráclito. Del director de la primera gran tienda, aprendí que mientras la Cabalgata de Reyes, diluviaba caramelos del puente para allá, se desbordaban sus cajas por los pajes familiares del otro lado del Guadalmedina.
Nuestro acervo fenicio, nos hace hábiles para el mercadeo, así que a ponerse las pilas en una semanilla de ná, para no salirse del guión, sino mejorarlo.
Curro Flores
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