CARRITOS DE FUEGO
Jugar a los coche choques con los carritos de la compra, cada día está más difícil, nada comparable con los días de estampida durante la pandemia, en la que ya no se guardaban colas para entrar a los supermercados y, con el disimulo de la mascarilla, te pegaban un topetazo en los pasillos a tope, en los que pararse a leer los precios era a riesgo de llevarte un arreón.
El tráfico ha mermado en los corredores y uno puede suministrarse de poquito, para poder administrarse. Aunque en los ratitos de compra durante la clausura, por el deseo de hacer tiempo en el economato de la cárcel, observé con que disimulo subían los digitos diariamente en las estanterías; todavía sin alza en el precio del combustible, ni guerra que lo justifique. Una cola de demanda y a pagar lo que los dueños mandan.
Se compraba por kilos hasta el papel higiénico, porque la digestión debía de ser completa y en abundancia. Hoy las cosas han cambiado, se compra por piezas y con guantes de plástico, para tocar y retocar hasta encontrar la fruta del Paraíso, inexistente. Hay pocos papa fritas cargando los bolsones de papas de tres kilos, medio kilo en el marroquí de la esquina y a desfilar: ¡un, dos, papas y arroz!
En la caja, es donde te arden los intestinos para pagar la escueta carga del carrito. La atenta Ministra del ramo que menos sube, el trabajo, doña Yolanda Díaz; quiere poner de acuerdo a las grandes cadenas distribuidoras del cincuenta por ciento de los alimentos, con los sufridos consumidores, para bajar y fijar un tope a los precios de los productos básicos, a saber, según comunidades y dietas; ya que su Garzón, ministro de Consumo, está distraido con las pistolitas de agua, por si crean tendencias bélicas en los infantes.
Pescaditos a los de costa y turistas, pechuguita de pollo a los de interior, mucho pan y pisto, más la manzana de la concordia. La dieta mediterránea, tan sana ella, limitará el chorreón de aceite con cuentagotas. La ministra de Economía, gallega ella e instruida en su materia, no ha entrado a la contienda, sabedora del bien de Giffen, que según sube el precio de los alimentos básicos, se excita la demanda, por chulería de nuestro gremio de consumidores.
Esperemos que Ayuso se oponga, por la dieta chotis, por la que todo el cocido debe pasar por Madrid. Los que acumulamos muchas analíticas y pastillas de colores, ya no gozamos de la gula y menos de la bula, nuestro régimen lo establece la seguridad social con la paguita y si nos llega, nos ahorraremos ir al banco de alimentos a pedir un préstamo a final de mes, ahí solo necesitamos ser avalados la canina.
Curro Flores
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