CERCANÍA GRATIS PARA MAGNATES
Se la fiaban tan mal los plumillas con su Feijóo, que los regüeldos del cara a cara me tienen mi chorla electoral en alerta roja, más cuando no hay quién se pueda dar un garbeo con las calores asfixiantes y estás sometido a las redes, a ver si anuncian lluvias de verano. Todo a sabiendas de las confesiones de la señora Pastor, moderadora, que no se atrevió a sacar tarjeta o apercibir de expulsión al galleguiño, ante las falsedades de datos que arrojaba, capaces de sacar de quicio al más imperturbable Job.
De todas maneras, dijo una gran verdad el Ciclón del Finisterre, la que me tiene aliquindoi y dispuesto a sacarme el abono gratis del Cercanía. Resulta que los grandes ricachones de la España, los que le gusta la dieta fiscal, los amigos de don Alberto, citado como ejemplo en su acusación a Sánchez: Amancio Ortega y Juan Roig, pueden darse un empujón de masas, disfrutando de los viajes de balde en los trenes de la prisa.
Desde esa noticia reino: tan pronto encuentre el abanico, me voy para la María Zambrano Station, para ver si me encuentro entre el tropel al Amancio cercano; pero más a Juan Roig, al que después de sentirme jefe de su empresa, declinado por los cajeros, tengo un motón de euros que echarle en cara, mientras el engorda sometido al adelgazamiento tributario.
España no es USA, donde un roña como Waren Buffett, se hace un documental comprando la hamburguesa más económica, porque la Bolsa ha bajado ese día. El oráculo de Omaha, como le apodan, de tener de válvula el transporte público yanqui, daría en él más vuelta que un burro en una noria. Los magnates hispanos, con un acervo cultural de fomentar la envidia, se desplazan en sus cochazos, seguidos por su tropa y protegidos por sus gorilas, para demostrar su hidalguía, cosas de clase.
Así que oída la chominá que despachó el aldeano de Orense, me han entrado unas ganas locas de señalarle mi mano con un moquete en su blanquecina cara de lápida.
Curro Flores
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