martes, 25 de julio de 2023

LA FAROLA

LA FAROLA

El ministro de Cultura, siempre y viceversa, ha sacado el pie del tiesto, proponiendo a sus compañeretes, la declaración de BIC, no bolígrafo, sino Bien de Interés Cultural a nuestra Farola malagueña. Es decir, unánimemente nuestro Gobierno en defunción, ha tenido una gesta a admirar por los que todavía evocamos su rayo en el viejo ventanal, amores  de paseo de ida y vuelta, con besos de salitre y viento de levante. La Farola que cumple más de doscientos abriles, de los faros que alumbran el destino, ha sido de lo más coqueta y ceñida para los lobos de mar, rivalizando con las “tetas de Málaga”, montunas y verdialeras, por ser la brújula a la Ciudad del Paraíso. Día de alegría para alzar la copa con florestel fresquito, con todas aquellas almas sensibles que no quieren que  amuermen de oscura tristeza nuestro monumento, por la sombra del mega-luxury-hotel catarí que, las legítimas autoridades acompetentes, luchan por levantar contra calima y mareo. Un argumento más a añadir a la imponderable tarea en defensa de nuestro patrimonio visual, más integro en  favor de nuestro ocio, y menos aguerrido en la batalla por hacer negocio de cualquier terrenillo que se ponga a tiro en el Sur de Europa. Junto a la feliz noticia, pendiente de conocer la superficie anexa que la proteja de los ladrillos, hoy disputa titulares con la apertura del restaurante El Trocadero, de alto standing, en los terrenos de la antigua Casa de Botes, una nueva oferta local a añadir letras de menú con tantas librerías ausentes. Como el menda está cortito de jurdós, lo veré desde las afueras, porque yo no tengo ni para dar al camarere pal bote. La luna está contenta por abrazar con su brazo luminoso, las sendas de luz sobre las olas de su culta compañera,  orientando dichosas los brazos de la jabegas en su trotar hacía el rebalaje.

Curro Flores

 

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